sábado, 21 de enero de 2012

Nombres impropios


Hay quien no puede soportarlo, ni resistirse, hay personas constantemente superadas por su responsabilidad y que no la llevan por lo tanto a cabo, hay gente incapaz de ocupar un cargo representativo  sin cargarse por el camino de culpas y raras veces de remordimientos por hacerlo sobradamente mal y en repetidas ocasiones, persiguiendo por supuesto un beneficio propio, aunque casi siempre éste aparezca más tarde fugaz e insuficiente como para contrarrestar lo que viene luego cuando sale a luz, si se conoce y denuncia, su desfalco o su aprovechamiento, su negocio ilegítimo y su ambición, sus trampas y su alargada mano por la flexible avaricia. Hay quien no tiene vergüenza, ni siquiera de no tenerla, hay gente que carece de moral, inmune al fiel espejo de sus acciones.

Hay personas que tienen ante sí millones por gestionar, dinero de muchos, de todos, dinero público y que ante tal cantidad no logran hacer callar a la vocecilla que desde el ombligo o más abajo, les está diciendo que es suyo, que puede y debería serlo, que cojan su parte y repartan si es necesario, que hay suficiente para callar a todo el que haya de enterarse, y que no se notará ni lo dirá nadie si todo el que lo ha de saber participa de la misma manera aunque en distinta medida. Hay quien se toma al pie de la letra lo del dinero público y dispone de él a su antojo y sin sonrojarse, para irse de fiesta y comprar placeres  o vestirse de Versace. Y es que cuando el dinero no es propio y no se puede llenar con él ni los bolsillos ni las bolsas de la compra o el garaje, cuando el dinero que pasa por delante lo hace también de largo y es abundante, siempre hay alguien dispuesto a creerse que es suyo y a disponer de él para sus caprichos y enriquecerse directa o indirectamente, adquiriendo propiedades o posicionamiento social mediante favores. Hay quien hace pactos personales con el heraldo público y financia proyectos absurdos, y compra servicios ridículos pagando  millonadas por nada en concreto ni útil, por algo que a pesar de su precio carece de valor general pero que en contrapartida garantiza, sella y vincula un futuro mejor para sí. Hay personas que hacen todo esto mientras por otro lado recortan y falsamente lamentan la falta de recursos y presupuesto que ellos mismo han liquidado por su cuenta. Hay personas así, expertas en construir el triunfo, su pódium, sobre el fracaso colectivo del resto.

Y evidentemente hay quien se aprovecha de todo esto, la otra parte responsable de que sea así y la que lo mantiene; están los que visitan los despachos de las administraciones públicas chequera en mano, o proyectando influencia y seguridad, los que conocen los teléfonos privados de los mandatarios y les llaman y tratan amistosamente, y que con afectada confianza y a la vez asertiva, seductora, sacan extraordinarias tajadas por muy poco. Hay a quien le basta con chascar los dedos para que otros se pongan a bailar animosamente al ritmo de sus órdenes.

Y está visto que no, que la justicia no es igual para todos, que la justicia real sólo se imparte entre iguales y que lo que nos diferencia a unos de otros, no se mide con moral, con lo que uno hace, sino que con moneda, con lo que cada uno tiene o ha obtenido.

sábado, 14 de enero de 2012

Miedo domando



Ahora que ser mileurista es un logro y una ventaja, frente a millones que hacen cola interminable para salir de ella, ahora que una nómina a tu nombre es una suerte y motivo de alegría suficiente como para estar eternamente agradecido al mundo en general, o a tu jefe o a tu empresa, ahora que trabajar, sin más, sin importar en qué ni por cuánto, es todo un privilegio y casi una razón para pedir perdón o sentir remordimiento  cuando se mira alrededor o las noticias y se comprueba constantemente que muchos no tienen casi nada y que otros tantos tienen menos todavía. En fin, ahora, que con cobrar mil euros sobra, ahora que la gente se conforma, ya se pueden bajar aún más los salarios sin demasiado problema, y subir las horas a la semana y sancionar las bajas y no pagarlas , y despedir barato y en masa, ERE que ERE, y contener cualquier protesta y proponer empeoramiento a los dichosos empleados que mejoren las cuentas de los pobres empresarios.

Ahora que los gobiernos están presionados internacionalmente y que cada paso que dan está monitorizado en bolsa, ahora que cada palabra en cualquier discurso político a un pueblo es en realidad un mensaje implícito dirigido a lo mercados y a los acreedores que responden siempre, luego o preventivamente, subiendo o bajando intereses. Ahora que los países no están en manos de sus gobiernos, bajo el mando real de sus gobernantes, y que casi todo se decide desde fuera y ambiciosamente, ahora que de ningún Estado se espera ninguna medida patriótica, ni proyecto de mejora dentro de sus fronteras, ahora que todas las medidas que se toman confeccionan el traje de los poderosos, ahora que la cosa es así y todos lo saben y nadie hace nada, ya pueden todos los gobiernos hacerse una liposucción social y reducir el presupuesto en Educación y Salud y políticas sociales “por el bien de todos”; y los bancos pueden cobrarse su codicia, y arrebatar los inmuebles que sean necesarios si no se fían de sus deudores para tener así por lo menos algo de valor más tangible que el futuro que preparan y pronostican a tantas familias. Ahora la banca ya puede comprar millones a buen precio a los verdaderos banqueros –oriundos de la riqueza- y luego deuda al Estado para pagar esos préstamos millonarios y por supuesto, para poder seguir exigiendo ahora y luego, mientras el mundo siga así de dócil, domado, ahora que la crisis se ha vuelto un gran negocio, una nueva burbuja, los bancos tratarán, como hacen con todas, de explotarla al máximo sin que les reviente demasiado pronto ni a ellos.

Y todo lo que se camine será hacia atrás y cada cosa que se pierda servirá para roturar el futuro que nos han ido esquilmando. Ahora, que un miedo a perderlo todo y de golpe permite y programa que poco a poco no vaya quedando nada.




lunes, 9 de enero de 2012

El regalo


Un padre divorciado, en paro, en su casa con su hijo, sentados ambos en el suelo ante un único paquete envuelto, la mañana de reyes.

-Antes de abrir el regalo, déjame que te cuente una historia:

“Hace cuatro años nació Crisis: un monstruo sin cola e insaciable, que lo devora todo a su paso, solemne y persistente, y que nada lo detiene, pues le faltan escrúpulos, y no se le conoce conciencia , ni muestra noción alguna de justicia o equidad, tampoco piensa, en el sentido racional de la palabra. Parece que actúa a bote  pronto y acelerado, brotando desde cualquier espacio y convirtiendo uno a uno cada resquicio por el que se ha colado, sin esfuerzo y sin verdadero aviso, en un amplio y yermo llano deshabitado de razón. Sobre este monstruo imparable, va montado el único jinete capaz de dominarlo, de sobrada experiencia y de nombre Codicia, es su madre y cabalga con él satisfaciéndose a rienda suelta y no le dirá “So! “ , ni le desviará de su camino, no quiere que pare y le clava sus especulativas y punzantes espuelas al compás de una avaricia endémica y genética. Aunque parezca un monstruo desbocado, lo cierto es que tiene claro hacia dónde va, su rumbo fijo sigue a un norte dinámico, cambiante, que se tuerce y retuerce hasta enroscarse sobre sí mismo, en un espiral hacia su ombligo: agujero negro e infinito.

Codicia, madre y maestra , es en realidad un virus cuya vacuna es la misma que los propios síntomas que propaga: pobreza; es un virus incurable, es la enfermedad de los ricos sin cabeza que mata a los pobres decapitándolos. Codicia entra si lo hace el dinero e incrementa con él,  íntimamente relacionados, no hay forma de materializar una cosa sin la otra: ¿quieres riqueza?, siembra codicia propia y recoge pobreza ajena, ésa es la fórmula, la única manera; ¿las semillas? son extremadamente caras, sólo disponibles para los bolsillos que ya pudieron comprarlas en su día.  

La pobreza grita auxilio desde todas partes, pero nadie la atiende en ningún idioma y a su grito tan sólo acude en coro cada vez más poblado, un eco que lo reverbera inútilmente; a la pobreza nadie la socorre porque es la materia prima de la industria de los multimillonarios, su razón de ser, y por lo tanto es imposible que desaparezca por altruismo, sin que lo hagan ellos. Puede esconderse, eso sí, como se ha hecho durante décadas, tras una infinidad de eufemismos que trataron de disimularla, pero el hambre y la miseria no se acaban con sinónimos tranquilizadores ni sin ánimos de solución y afloran a la realidad marchitándola.”

-¿Cómo sigue la historia papá?.

-Abre el regalo.

El hijo, ya impaciente, con doble curiosidad quita al fin el envoltorio y comprueba sorprendido que es un IPAD. No entiende cómo ha podido comprarlo, ni a qué venía la historia entonces, sonríe agradecido, incrédulo y todavía expectante y su padre le dice:

-El futuro es vuestro, eres tú el que has de provocar cómo continúa la historia.