viernes, 6 de julio de 2012

La partícula


Hace poco, un fallo técnico, un cable suelto o una mala medida, junto con algo de prisas y muchas ganas de méritos se combinaron queriendo desmentir a Einstein y atribuyendo velocidades mayores que la de los fotones a otras partículas que finalmente no eran tan rápidas como la precipitación de querer sacarlas precisamente a la luz. Una anécdota, tal vez, pero no deja de ser significativo lo rápido que se extraen titulares sin que haya verdadera noticia, la velocidad de propagación de las prisas por asistir a algo nuevo y significativo, relevante, a algo por descubrir, a una nueva gran pregunta o a una respuesta a un viejo gran enigma. Todos quieren ser testigos del siguiente peldaño, hartos de repartirnos el escaso suelo, y unos pocos se disputan la autoría de la próxima altura, muchas veces tan poco estable que no tarda en ceder al peso de querer subirnos a todos o incluso a un par de expertos.  Ahora se trata del bosón de Higgs, aunque esta vez no parece haber dudas, ni cables sueltos, la seguridad del descubrimiento se presenta estable y unánime, todos lo celebran. Entonces existe. Y hoy es otra realidad, estamos a otra altura, hemos subido un nuevo escalón,  nos acercamos al infinito y al completo conocimiento, aunque el infinito tiene la peculiaridad de que por más que te acerques queda siempre igual de lejos. No importa. Avanzar es una dirección no una mejora, científicamente hablando, claro.

En este caso la dirección es miles de millones de años hacia  atrás, a instantes después del primer momento, tras el estallido del Big Bang. Se teorizaba que en aquel entonces debió existir una partícula que haría de intermediaria entre el vacío y el tiempo recién inaugurado para llenar el espacio de un Todo esparcido (o esparciéndose), esa partícula, breve y ocasional, debía aportar a otras tantas partículas la propiedad de la masa y con ello la existencia de las cosas tal y como las conocemos o nos las explican. Eso pensaba Peter Higgs, de forma mucho más compleja y científica, 50 años atrás y luego muchos científicos y finalmente los gobiernos que invirtieron 6.000 millones de euros para certificar -entre otras cosas- esto a traves del CERN y con el LHC. Y por lo que parece lo han conseguido. La noticia es por lo tanto muy relevante aunque mucho menos de lo que hubiera sido certificar lo contrario, esto es, que el bosón de Higgs no existiera, ya que eso supondría tener que romper los cimientos de toda la física que debería buscar sustento en una nueva teoría, hoy por hoy innecesaria.

Tras este magnifico logro y descubrimiento en el campo de la física cabe preguntarse si no podría hacerse algo parecido en el terreno político. No sé, invertir otros tantos miles de millones de euros y suficiente equipo de juristas, historiadores, filósofos, biólogos, politólogos, antropólogos, activistas, ingenieros, arquitectos y economistas, en construir un acelerador de justicias y razonabilidad, y no ya para buscar si alguna vez, en las primeras civilizaciones, existió de forma generalizada la partícula del sentido común (ahora tan bien escondida tras un avaricioso beneficio propio de unos pocos) sino más bien para generarla y proponerla, en un sistema nuevo, reflexionado, ideado desde el conocimiento y la experiencia. Aunque me temo que no, que para cambiar de rumbo y el mundo no se hará ninguna inversión ni planteamientos nuevos, que la historia dice que ninguna crisis ha cambiado la historia, que siempre ha sido justo después, tras no atenderla y dejar que irrumpiera sobre las ruinas, la catástrofe. 

Fumar o no fumar: ésa no es la cuestión (29-06-2012)


Antes se fumaba en todas partes sin problema alguno. Ahora es un problema fumar en cualquier sitio. El humo del tabaco, que antes formaba parte del perfume característico de cualquier ciudad, ahora parece ajeno, huele mal y apesta con solo que llegue una tenue hilada de humo desde algún cigarrillo. Me parece bien. Todo lo que se haga por la salud general nos salva a todos.  Sin embargo a veces se pone a la salud por delante para que nadie dispare, a veces se pone de parapeto algún objetivo noble o deseable para que nadie lo tumbe y no se vea qué esconde detrás, qué es lo que tapa. Porque muchas veces la intención se oculta bajo el velo de la innegable lógica, de lo que toca, y entonces nadie discute nada o queda inmediatamente desacreditado quien lo intenta o pretende. ¿Cómo defender poder fumar si fumar es irrefutablemente nocivo para el fumador y para sus vecinos, para todos menos para el del estanco y los de la tabacalera y los que recaudan los impuestos?

Pero para el gobierno el problema del tabaco no es que mate al adicto y alrededores, sino más bien, que además de generar unos grandes ingresos a través del impuesto aplicado a cada paquete, conlleva una serie de gastos derivados de atender sanitariamente los males que causa el tabaquismo. He ahí todo el problema, la verdadera cuestión, si el gobierno no pagara nada por cada enfermo fumador, si no le fuera reclamable, ni pudiera ser luego acusado, de poner o permitir un producto a todas luces venenoso para la salud pública, si no tuviera que pagar por tanto ninguna indemnización, ni ingreso o tratamiento hospitalario, la película sería distinta, sería otra, de otro género, de cine negro y gris pulmón. ¿Pues qué llevaría al gobierno a prescindir de tan altos ingresos si no llevaran asociados ningún gasto? La salud pública desde luego que no, ya se ha visto cómo le trae sin cuidado, cómo la ha desmantelado o descuartizado con tanto recorte y cortes de manga.

Sin embargo no se puede tapar para siempre lo que se esconde, no siempre vale o dura el escudo de buenas intenciones, y a veces uno se olvida , y deja entrever su verdaderas intenciones creyéndose ya a salvo y fuera de toda sospecha o suspicacia, a veces alguien asoma la pata y la mete. Y entonces ya no hay marcha atrás ni nada que decir o forma de desdecirse. Y así está ahora Esperanza Aguirre, tras asomar su pata y meterla, precipitada por sus ansias de grandeza y victoria. Pues ha afirmado que está dispuesta a permitir fumar en las instalaciones del macro casino proyectado para Madrid, ‘cambiando la ley’ ha dicho, claro, los políticos son expertos en cumplir las leyes tras modificarlas a su medida.

Eso sí, lo que quiere hacer Esperanza Aguirre no será razonable pero es del todo lógico. Ahora los gastos en sanidad son y serán mucho menores, el gobierno, amparado e inspirado por la crisis, seguirá reduciendo hasta el ridículo la cobertura de la sanidad pública y con eso el subsiguiente gasto provocado por el tabaquismo y por lo tanto incrementar los fumadores redundaría en aumentar la recaudación sin que repercuta en los gastos. Bravo.

Ahora bien, si cambia la ley del tabaco nuevamente tendrán que vigilar que no vengan en manada las denuncias por parte de los dueños de innumerables bares y restaurantes que en pocos años han tenido que invertir dos veces lo que no tenían, lo que aún están pagando, para cumplir con la ley que a su vez ha hecho inútil sus inversiones y a veces hasta su negocio. Pues si la ley se cambia de nuevo y tan arbitrariamente se puede demandar y ganar fácilmente cada juicio. No se corten.




Esperando el meteorito (22-06-2012)


Basta con ponerle precio a la justicia para que pierda todo valor y nos salga a todos muy caro. Y hace tiempo que le pusieron precio, un precio alto, demasiado elevado, sólo asequible para los más adinerados. No, claro que no, eso no es justicia, pero deja igual de satisfecho a quien la compra y además tiene más autoridad. ¿Justicia? preguntan sonriendo unos mientras otros la claman. ¿Quieres justicia? Pues te la pagas. Pero  mientras sírvete tú mismo la miseria, a esta larga ronda invitan desde las altas esferas. Bebed a morro de vuestra pobreza, no os preocupéis que no faltarán botellas, hay vacío de sobra con el que llenarlas. Y no gracias, yo soy abstemio cuando se trata de tragarme la dignidad. Si acaso una copa de champagne a vuestra salud mientras os la quito.

Cansado. Harto. Desgastado. Herido. Impotente. Estupefacto. Desencantado. Sobre informado. Desinformado. Desconcertado. Inexpresivo. Presionado. Impresionado. Dolido. Doliendo. Escuchando. No oyendo nada. Atento. Desapercibido. Buscando. Rebuscado. Ofuscado. Roto. Derrotado. Perdido. Perdiendo. Aquí, ningún sitio. Allí, nada. Yendo. Revolviendo. Caminando sin avanzar. Avanzando en la quietud. Amenazado. Ninguneado. Engañado una vez. Engañado de nuevo. Y otra vez engañado. En el error. Muy dentro. Equivocado. Presa de un miedo programado. Presa. Preso. Prisas. Responsabilizado. Cargado. Sobrecargado. Culpable de no hacer nada. Inocente explotado. Explotando de inocencia. Estallido. Estallando. Grito mudo. Callando a palabras. Amordazado.

Todo se ha dicho pero como si no se hubiera dicho nada. Todo se sabe. Pero se oye silbar al disimulo con la armonía de no acabar de creérselo. De hacer ver que todo es una película o un mal sueño. Pero pasan los días y no despierta otra realidad. Dudar por pensar que las cosas no pueden ser tan claras. Tan simples. Tan impensables. Tan pensadas. Duermen los siglos domados. Sueña la experiencia que se pone en práctica, que se desata, que la liberan. Cree la razón que vendrán a por ella y espera. Pero nadie se da la vuelta. Hace tiempo que rectificar pilla muy lejos. Inalcanzable. Los sabios se extinguieron en cuanto despertaron los dinosaurios. Esos que rugen codicia por todo el planeta mientras la justicia pasta olvido, que todo lo devoran y con todo arrasan, sin contemplaciones, sin contemplar nada. Esos que dicen que vivimos por encima de nuestras posibilidades para poder seguir viviendo pisoteando nuestros derechos. Y gobernados por dinosaurios no queda otra que ir apelmazando arena en la luna y construir el meteorito que acabe con esto para que comience todo de nuevo, por los principios.











'Rescatar' tiene todas las letras para que sea de nuestras 'carteras'. (15-06-2012)


Llámenlo como quieran. El problema nunca viene directamente de los nombres sino más bien de los verbos. El verbo no se puede cambiar por muchos que sean los nombres que se le ponga a uno, lo que sucede es lo que pasa y no hay otra. ¿Rescate?,¿apoyo financiero?, ¿préstamo óptimo?. Qué importa, hablemos mejor de las condiciones, de en qué consiste y de cómo y quién lo paga, y de quién y por qué tiene la responsabilidad, cuando no la culpa, de haber llegado hasta este punto de no tener más remedio que estar agradecidos a la mano que agarra por el cuello.

Porque Rajoy está agradecido, por no decir que satisfecho y casi pletórico. “No está bien decirlo pero en todo caso era yo el que presionaba” eso dijo el hasta hace nada lenguaraz líder de la oposición y ahora lacónico presidente de gobierno, que era él quien había conseguido el rescate, o la ayuda, o el remedio, que había sido por medio suyo que las condiciones no sólo resultaban ser las mejores para estos casos sino buenas en cualquier otro. Así que después de meses y meses con los mercados poniendo piedras en el camino y después de tropezar con cada una sin caer del todo al suelo ni en la forma de esquivarlas, llega la que finalmente logra tumbarnos y Rajoy se postra orgulloso a los pies de su fracaso simulando estar descansando sobre un confortable éxito.

Y no lo es. Deber más dinero del que se debía nunca es bueno. Pagar la deuda antigua con otra nueva no resuelve ningún problema sólo retarda los síntomas, se programan para más tarde y peores. Hoy se puede respirar más aliviados que ayer, es cierto, pero mañana faltará más aire y será peor la asfixia. Pero no importa porque últimamente mañana queda muy lejos y vamos de hoy en hoy desvalijando cualquier futuro. Querer vender como éxito propio que tus acreedores encuentren la forma de que les pagues y encima más, es ser muy ingenuo o pretender que los demás lo sean, lo cual es más ingenuo todavía.

La realidad es que Alemania ha encontrado la manera de hacer lo mismo que en Grecia pero que parezca otra cosa. Allí primero rescataron, luego recortaron, luego llegaron las protestas y todavía siguen sin encontrar mejoría en sus problemas. Aquí pasa lo mismo pero al revés, primero llegaron los recortes, luego las protestas y finalmente el rescate y ninguna mejora. Y es verdad que no se altera el producto (sobre todo el Interior Bruto) pero al menos así como lo ha hecho Rajoy en España, la culpa parece más autóctona. Sin embargo la sonrisa patriótica de Merkel es igual de amplia en ambos casos.

¿Y es que cómo va a salir Europa de la crisis si la crisis se aviva con lo que resopla Europa?,  ¿cómo salir juntos tantos países de la mano si nadie siente la nacionalidad europea, si cada uno se lame las heridas en su lengua y escupe veneno a las otras?. Está saliendo EEUU porque su Banco se siente americano. Está saliendo Gran Bretaña porque su banco se siente británico. Pero no sale Europa porque su banco se siente alemán, porque lo es, porque presta euros y se cobra marcos. 

Antes de la crisis (08-06-2012)


Antes de la crisis el mundo estaba lleno de problemas. Ahora el único problema es que estamos en plena crisis. Todo lo demás ha desaparecido, no es que esté solucionado, es que ya no aprieta ni urge,  o sucede muy lejos o de forma tenue o mal contada, nunca en portada,  no como antes, ni tantas veces. Todos los grandes problemas pasan desapercibidos cuando viene otro más en primer plano y tapa lo que hay detrás y aunque sin cambiarlo: si no se ve no está, si no está no lo noto, si no lo noto no me preocupa, si no me preocupa no me ocupo. Pero si no me ocupo acabará sobreviniendo. Y entonces qué. Pues ya veremos, porque ahora desde luego que no, ahora no se ve nada.

Sí, antes de que la economía se convirtiera en una especia de ruleta rusa pero con francotiradores que apuntan a las piernas de los países para arrodillarlos, antes de que supiéramos que los bancos tampoco tenían el dinero que prestaban y que iban acumulando deuda para llenarse los bolsillos ahora y entonces,  antes de comprobar que Europa no está unida sino simplemente junta, antes de ver que este mundo progresa a dólares por segundo o euros por minuto, y que no evoluciona desde entonces,  antes de que nos estallara la avaricia escondida tras este insensato Mercado hecho tan a desmedida, antes de que cada día fuera noticia que la situación no mejora, antes de que por encontrar trabajo tuvieras que pedir perdón o sentirte culpable, o exageradamente agradecido y antes de que pudieras perder este empleo sin ninguna justificación y sin a quién pedir auxilio; antes de todo esto, antes de esta maldita crisis, cuando no todo era economía, o cuando no se sabía que todo era sólo economía,  antes de eso, decía, el mundo agonizaba desde mil rincones distintos, con millones de voces de niños, con hectáreas de bosque extintas, con océanos repletos de vacío, esquilmados y toneladas de petróleo derramadas matando, el mundo antes gritaba balas, golpeaba a bombas, declaraba guerras para vender más armas y sacar tajada y robar las botas del que quisiera morir con ellas puestas.

Antes de la crisis, moría gente de sed porque se les había robado el agua, moría gente de hambre porque se les había robado los cultivos, moría gente abandonada a su suerte porque eso generaba fortunas. Antes de esta crisis el mundo era un desastre. Ahora el desastre es lo que queda detrás, lo que viene, cuando salgamos de esta si salimos, es lo que queda, si es que queda algo para cuando esto acabe, si es que termina. Y es que la crisis no es el monstruo, sino su cola. 

Tú pierdes. Ésas son las reglas (01-06-2012)


Por lo que parece no son tiempos de responsabilidad. Y mucho menos de asumir roles heroicos o a contracorriente. Aquí nadie busca el futuro más allá del periódico de mañana, más lejos de la estadística más reciente. Ni nadie persigue más mérito que el de seguir las instrucciones del que amenaza, que el de buscar la palmada en la espalda que la saque de contra la pared y envaine la espada. La actualidad llena de vacío al sentido más común y lo va precipitando, en acelerones. Cada vez marchamos más rápido y cada vez queda más lejos llegar a alguna parte, a algún remanso, todo va mal pero lo peor es que todavía se cree en que funciona y nada se cambia sino que tiende a más y a menos según si son despropósitos o capacidades.

Y así es como cada día nos levantamos con la mala noticia de ayer superada. Y como si el mundo hubiera prendido; la realidad se incendia con claras señales de humo pidiendo auxilio, pero el humo se usa para tejer cortinas con que tapar el fuego que arrasa con todo. Y cenizas. Cada vez son más. Cada vez queda menos. Y se siguen protegiendo los árboles del fuego talándonos y sacando pecho, tirándolos abajo y esperando aplauso o premio, tras allanar más el camino a un incendio que arde sin contemplaciones, que abrasa por fuera y quema por dentro y selectivamente a una masa ingente.

Se hace mal desde Europa, se hace mal Europa, pero se hace peor en España que se mutila con orgullo y desde dentro. A veces atacando a la corona por querer hacerla a medida de otra cabeza que ahora mismo no da la cara, otras patrocinando peleas internas que externalizan odio, y como si eso no bastara ni fuera suficiente, la corrupción cada vez cuenta con más y mayores casos evidenciando un sistema que la estructura y sustenta, que lo permite o no impide, que está en sus cimientos y nos demuele. También están los problemas en el Supremo y los del Constitucional y así seguimos ampliando la lista hasta institucionalizar la desconfianza. Que es lo que ya reina en España. Sobre todo después de lo de Bankia, tras conocer semejante disparate económico y desconocer las causas. Ahora que sabemos que había cajas que no prestaban dinero sino que estaban acumulando una factura multimillonaria que nos iban a pasar en un futuro, que vamos a pagar en breve, y que desde fuera ya se nos dice que muy caro, porque la Prima sube, porque prima la avaricia.  Porque no importa cuántos sean los que pierdan mientras alguien pueda sacarle beneficio.

En el efecto de obviar la causa (25-05-2012)


A veces el problema es sólo no quererlo resolver. A veces basta con admitir el error para salir del fracaso. Pero aquí nadie admite nada, ni pide perdón, y ante el reiterado error, la responsabilidad no hace acto de presencia. Parece ser que el sentido común está fuera de cobertura y reina el despropósito a cada paso. Está claro que caminamos hacia un futuro cada vez más incierto, que cada vez queda más cerca lo difuso, que cada vez nos adentramos más en la incertidumbre. Y es desde la incertidumbre donde brota más la improvisación, y es la improvisación la que acelera las prisas y apaga las luces de acuerdo con la voz interior de los que gobiernan. No se sabe ya si el barco o directamente el naufragio. Ni se sabe si es peor no gritar auxilio o que acudan al rescate. Porque la mano tendida ofreciendo ayuda tiene la forma y tensión de querer agarrar por el cuello.

Cuando las cosas van mal los políticos tienden a alargar sus sonrisas para taparlo. Cuando las cosas van peor la política consigue allanar más camino al empeoramiento. Pero ya no hay sonrisa tan amplia como el desastre, ni es necesario preparar el camino cuando se está cayendo. Los políticos se han quedado sin forma de ejercer y sobreactúan en el vacío de su conocimiento. Es la incapacidad la que lleva las riendas de esta realidad desbocada por la avaricia, aquí el rigor no dice nada y la experiencia se niega y se tapa. No importa cuánto se sepa de economía o de historia, no importa lo que se conozca de nada. Aquí la razón se disputa entre cuentas bancarias, contraargumentando ceros. Propagando así cada vez más números rojos entre las familias y dejando a la mala suerte sin salida tras haber entrado en tantas casas. El derecho a ser multimillonario está acabando con el resto de derechos y así parece que seguirá hasta que sea el único que quede en pie.

Mañana no será distinto, ni la semana que viene. Y probablemente dentro de un año, como desde hace otros tantos, seguiremos inmersos en el mismo problema: no plantearlo. Sin plantear el verdadero problema todas las soluciones que se tomen no harán otra cosa que sostenerlo. Tal vez lo peor no sean los efectos de la crisis sino su causa latente y siempre a salvo. No hay mentiroso más eficaz que aquel que no se preocupa en conocer la verdad, ni mentira más temeraria que la que niega una y otra vez la realidad estallando en plena cara. Caminar con un miedo inculcado a conocer lo que verdaderamente ocurre hace que cada vez sea más temible la realidad del camino. Y cuanto más temible sea la actualidad más pasos seguiremos dando hacia atrás y hacia abajo.