miércoles, 17 de octubre de 2012

Manifestaciones (05-10-2012)


Dicen desde el PP que las manifestaciones dan muy mala imagen de España. Y ellos lo saben muy bien, después de todo llevaban más de ocho años deteriorándola, son expertos. Saben de lo que hablan y callan. O quieren callar, pero no ellos si no a los que ya apenas tienen voz de tanto pedir ayuda, de tanto gritar auxilio. Pero no son tiempos de rescates. Al menos no al estilo clásico. Ahora es más frecuente oír decir ‘¡Ayuda! ¡que me rescatan!’.  Todos temen al lobo que protege las gallinas. Pero al menos ése aúlla en su mismo idioma. Y todos lo entienden: tiene hambre y sobran gallos.

O faltan huevos. No hay para todos. Y llega el hambre que vacía las palabras. Llega el hambre que se come el mundo. Llega el hambre mientras el sistema mastica toda su avaricia. Y se le hace bola. O mentira, según se vea. Mentiras que se hacen necesarias, que se hacen sustento, que se vuelven reales, casi verdad. Mentiras empíricas. Y entonces parece que si se recorta en sanidad es para curarse en salud. Y que tener menos presupuesto en educación es lo más civilizado. Que disminuir el estado de bienestar servirá para que todos estemos mejor. Que se puede aporrear la razón hasta arrebatarla. Que manifestarse es manifiestamente peligroso. Que opinar es tener falta de criterio. Que el criterio se basa en fe. Que la fe es la única esperanza. Que la esperanza es mejor que la ilusión. Que la ilusión es sólo eso. Todo cambia de significado cuando el que manda pretende hacer virtud de la incapacidad.

Lo normal sería que las manifestaciones en la calle no proyectaran peor imagen que las manifestaciones de un dirigente asegurando que la libertad de expresión es mucho más eficaz cuando está controlada. O modulada, como inventan. ¿Modular? ¿Con qué frecuencia?. ‘Mientras tengamos el poder’ parecen decir con esa mirada de marioneta. ‘Mientras la realidad esté en nuestras maniatadas manos’ parecen creer ridículamente orgullosos. Pero lo normal se ha despoblado. Apenas hay nadie, y a los que quedan se les mira extrañados.  Aquí nadie se salva del rescate por mucha ayuda que se pida. Aquí nadie atiende a la razón por más que sean los argumentos. Digan lo que quieran, que nadie escucha. Protesten pero que nadie les vea. Persigan la razón y váyanse si quieren con ella pero lejos, muy lejos, donde no nos alcance la culpa. La imagen de España está en juego finjan que sabemos lo que hacemos. No vamos por el buen camino pero queda un buen trecho. Caminen sin miedo hacia ningún lado, eso sí, ustedes delante, que quiero escuchar la caída en catarata, los gritos que me adviertan del abismo. Vayan y encuentren el final, que no les sigo.




Faltó (28-09-2012)


Tal vez faltó contar el activo de estado de ánimo. La cantidad de esperanza o fuerzas para esperar un cambio, para creer que lo habría. Faltó, quizás, medir la ilusión que –huyendo- correteaba por las calles, faltó pararla y mandarla a correr por más ciudades y campo a través con pretextos nuevos. Puede que faltara desde los primeros análisis no sólo enumerar el total de la deuda y la capacidad de pago sino también la de aguante. Faltó, como digo, contar los metros que podían cavarse hacia abajo sin que nadie sospechara que la salida no podía quedar más adentro.

Faltó explicar desde el principio que no se vislumbraba el final, que caminábamos sin intención de llegar a ningún sitio, que sólo se corría escapando, sin mirar si hacia delante o hacia atrás, caminar sin más y sin medir el avance, y que probablemente cada vez más cerca de no poder salir. Faltó decir valientemente que ahora sólo había margen para ser cobarde, para dejarse llevar, arrastrados, por el torrente de errores que tras levantar la presa la crisis, embestía con todas las toneladas de un fracaso colectivo.  Faltó decir que el juego de la economía mundial ya sólo repartía mala suerte, que todas las cartas ya estaban sobre la mesa y que no había forma de descartarse. Faltó que los dirigentes enseñaran en sus muñecas las marcas de estar maniatados y mostraran que la única forma de sentirse libre era simular que era el muñeco quien movía con las cuerdas los dedos del titiritero, las manos del que presta. Faltó salir y decir que no había elección alguna para que pudiéramos elegir con mayor conocimiento.

Porque ahora ya no sólo crece la deuda, la crisis y el agujero sino también la sensación de estar cayendo. La realidad aprieta a medida que decrece la capacidad de hacerse cargo. Ahora las semanas ahogan con las manos de los días. Asfixian. Ahora el desánimo forma parte del problema y lo empeora. Ahora ya han vencido muchos plazos de dar un tiempo, ahora en muchas partes ya no queda espacio ni para quedarse quieto. Y se llenan las calles de razón a medida que se vacían los gobiernos de significado. Un gobierno  al que no le funciona el timón es como un barco varado. Quien lo saque se lo queda. Y el mundo puja.

Parece que nadie está por la labor, lo razonable está en la cola del paro. Y se aviva la lucha y se encienden las calles, porque se acaba la paciencia cuando llega la sensación de que no se espera nada, de que no llega el cambio y que cada cambio que llega es más de lo mismo. La incapacidad a porrazos contra la razón, la razón incapaz volviéndose violenta. Nos movemos sin itinerario alguno, improvisando los pasos y en círculo, dando vueltas al problema sin querer ver que el problema es querer seguir dándole más vueltas. No hay forma de salir cuando la única preocupación es cómo seguir dentro.



Menos o Mas. Lo mismo. (21-09-2012)


Cuando nadie encuentra  una forma independiente de obtener más es lógico que terminen pidiéndose unos a otros las mejoras. Pero dónde encontrar a quien dé algo en un entorno en el que todos están pidiendo. En el que nadie aparenta tener nada.  Cataluña pide a España, España pide a Europa, Europa se pide a sí misma y entre lo que da y lo que se le debe se vuelve a la vez más pobre y más rica.  Las cosas ya no necesitan tener sentido para que acaben funcionando. Mal claro, pero sin ánimo de querer repararlo y entonces bien, como toca. Al fin y al cabo somos este error en concreto, mantengámoslo pues el máximo tiempo posible en pie; es nuestro sustento.

La crisis aviva todo conflicto dormido y lo despierta con muchos más soñadores peleando por salir de una pesadilla que parece haberse hecho rutina si no sistema. Y vuelve la lucha de colores, las banderas enfrentadas, la gente perdida encontrando la salida en la primera puerta que les abra. Emerge el problema que nunca se atiende, como siempre. Vuelve apropiándose de los síntomas de otro problema mayor y más urgente. Y vuelve como solución para algunos, para poder luchar contra otros y para hablar de la batalla, para silenciar las balas de la verdadera guerra, que van lisiando mientras tanto derechos a una multitud sin preguntar nacionalidades. 

Cuando no hay forma de demostrar la razón lo mejor es tirar de sentimientos. Y la política incapaz de pronosticar con dos minutos de antelación ningún futuro, incapaz de prever las repercusiones de cada decisión, lo adecuado de cada medida, lo oportuno de cada alianza, se ve abocada a los sentimientos. A mover a la gente por lo que sienten, sin darles más razón que una pelea, ni mejor solución que no empeorar el problema. Nadie se atreve contra el monstruo grande, y se inventan viejos monstruos, a los que ya tienen tomada la medida, para salir como héroes a por ellos. Pero al monstruo grande nadie sabe cómo atacarle ni cómo llegar a formar parte, huyen todos pero a la vez sienten admiración por el miedo que provoca, huyen todos pero nadie escapa. Huyen, librando valientes batallas en el aire mientras caen.

Nadie le puede poner precio a los sentimientos pero hay quien sabe el valor que eso tiene y lo maneja. Gente incapaz de gobernar la realidad y que imagina otras más manejables. Venid aquí, he encontrado un árbol bajo el que cobijarnos todos hasta que cese la tormenta. Irresponsables.


Se ¿Sabe? (14-09-2012)


Se sabe que hay corrupción política, que se toman algunas decisiones desde los ayuntamientos únicamente para hacer pasar el dinero de las arcas al bolsillo de  unos cuantos; que detrás de cada político con poder hay una cola de empresarios con una lista de favores, que se los deben, que se los pagan; que hay medios de comunicación que financian una ideología, que la difunden, que la controlan; que a veces basta con elegir el juez para salir inocente, que a veces sobra con escogerlo para encontrar culpables; se sabe que los políticos no contestan que dictan las noticias, que no dicen la verdad, que no la conocen ni les preocupa no hacerlo, que viven de fingir ser capaces propagando su inutilidad.

Se sabe que los bancos no prestan dinero sino que hacen negocios, y que nunca pierden, que esas son las reglas del juego que imponen; se sabe que han ganado millones de generar deudas impagables, que no asumen pérdidas, que nos las trasladan; se sabe que los bancos tienen amigos poderosos, se sabe que esos amigos son ellos mismos, que el capitalismo es una sucursal bancaria, que hay trabajo para todos mientras todo gire en torno al crédito que aviva las ganancias; que el Mercado es una ruleta rusa con francotiradores a saldo, que en la Bolsa está invertido todo el miedo y el engaño, que cuando salta uno el otro lo aplaca, que la información fluctúa en bolsa, y la controlan;  que no les importa la verdad, que invierten en una mentira cíclicamente creíble.

Se sabe que hay guerras que sólo se inician para apropiarse de la riqueza de un subsuelo que levantan a bombazos, que quien tiene petróleo y poder bajo sus pies lo tiene crudo, que vendrán a por él enarbolando la bandera de la paz que acribillan a balazos; que hay una industria de armas que invierte en conflictos para luego colocarse a ambos lados, que sacan de cada disparo neto dinero sucio, que no cesa la ráfaga de su avaricia y van recogiendo los casquillos, su riqueza; que multitud de países invierten millones en defensa a cambio de que no los ataquen económicamente, pagando el precio de estar rendidos en plena guerra; que la paz no es rentable y que hay muchos preocupados en que siga siendo imposible.

Se sabe que la crisis es una manera de volver hacia atrás, de que toda la clase media regrese a la casilla de salida para volver a empezar la misma partida; que el sistema se basa únicamente en creer que hay un camino por recorrer y que ese ha de ser necesariamente el que separa la clase baja de la media, hasta que ésta se colapsa y entonces no queda más remedio que desandar el camino para volver a recorrerlo, como si fuera la realidad un péndulo hipnotizando a una multitud para que no la cambie; que no es que no encuentren solución para la crisis sino que la crisis es la manera, que es el medio por el que consiguen que se mantenga el problema. Se sabe esto y muchas cosas. ¿Pero qué importa conocer la verdad si luego uno se comporta como si se creyera las mentiras?






Vuelven (07-09-2012)


En el primer verano con Rajoy al mando vuelven los incendios con toda su mala suerte, vuelven las llamas a llevarse lo verde. Tal vez por recortar en medidas contra el fuego, puede que por caldear demasiado el ambiente o quién sabe si alguien trata de allanarse el camino a vaya usted a saber dónde, pero el caso es que vuelven con su furia de siempre, implacables, multiplicando el desastre. Y no hay tierra más fértil para la catástrofe que la del desastre; no será raro que de seguir acumulando hectáreas florezca mucho más severo el verdadero problema.

Vuelve septiembre, con sus aulas más llenas que de costumbre, con hijos de padres más pobres, de vuelta de vacaciones más austeras –con suerte-.  Vuelven los libros de texto con todo su inútil peso que fácilmente se aliviaría con el más pequeño de los USB, vuelve el material escolar encarecido; vuelven las mismas clases y con menos profesores y todo un programa para aprender mientras el mundo no hace los deberes, mientras ningún responsable aprende la lección que debería darle no serlo, mientras los políticos nacionales juegan a hacer ver que están al mando de una situación que se les escapa ya no sólo de las manos sino también de los labios y no dicen nada o sólo dicen eso, en cada rueda de prensa, en cada comparecencia en el congreso; vuelven las hojas caídas de un otoño que se anticipa en los preparativos de un invierno del que no se acaba de salir, vuelve, en medio de tanto calor todavía, todo el frío de la incapacidad sacando pecho.

Vuelve el ritmo feroz de las noticias relevantemente fugaces, vuelve la realidad rotativa a prender fuego sobre la ilusión, y arden las ganas y  las fuerzas a fuego lento sin lograr cambiar la realidad más cruda, al punto de los que la devoran;  vuelve el látigo de lo que se decide a golpear sobre el cuerpo más raquítico y numeroso, vuelven a buscar entre los contenedores las llaves de sus yates y entre la miseria de muchos la riqueza suficiente con la que poder sobornar a los remordimientos y la conciencia, riqueza con la que unos pocos logran costearse una injusticia que todavía les es rentable.

Vuelven los eufemismos y se crea un banco malo sin haber logrado encontrar uno bueno, los rescates siguen siendo apoyos financieros y el secuestro de un país sigue llamándose rescate. Vuelve Rajoy a decir que está maniatado pero que sin embargo está seguro de lo que hace. Vuelven las incongruencias, la inutilidad y el silbido alargado para tapar al verbo que no se marcha y arrasa.



Abracadabra (27-07-2012)


La economía cada vez se parece más a un casino. Los pocos que tienen mucho dinero, todavía y siempre, van haciendo sus apuestas, unos contra otros y todos contra el sentido común. Es una guerra de billetes y múltiples estrategias para que sea el otro quien los pierda. España hace tiempo que se quedó sin fichas y ahora forma parte del tablero, se juega sobre ella, al desastre o al remedio, al doble o nada, y de momento siempre se dobla la pobreza. Aquí cada vez hay menos para repartir, aquí cada vez son más las partes. A nadie le importa o nadie lo impide, o nos falta la forma o nos  sobra el conformismo de ‘quien paga manda’. Y sin embargo, paradójicamente, lo que finalmente se decide lo acabamos pagando entre todos, que no mandamos nada.

Lo dicen en las noticias, lo explican por la tele, hacen documentales que lo prueban y denuncian. Todos lo saben: la economía es un juego que adapta las reglas al tramposo más solvente. La economía es un juego, sí, y ésa es la verdadera trampa. El dinero que falta no existe . El dinero que falta no lo necesita quien lo exige. Y  el dinero que sí está no fluye, porque lo colocan detrás de las presas de la codicia, levantadas con leyes y vista gorda para generar precisamente más dinero ficticio, más deuda que nadie paga, pero  a la que todos se deben. Quiero que me debas más miles de millones, dice el Mercado. Quiero que te sometas.

En España la Prima de riesgo no ha dejado de apuntar cada vez más arriba: haz lo que quieras y me disparo, haz lo que te digo y te mato, parece decir. Y sin opción no hay margen de maniobra y sin margen de maniobra no hay quien restaure la ruina.  Todo se derrumba: primero la ilusión, más tarde la forma, luego las maneras, le sigue la clase media, y tras ella caerá la esperanza, que no es más que ilusión en los huesos, soldados de guerra. Todo se cae por el abismo de precipitarse, de seguir las instrucciones de quienes diseñan las trampas, y caemos una y otra vez en todas partes menos en la cuenta. La prima aprieta, ahoga, agarra por el cuello y apunta a la boca: calla. Y no hay discurso que la desarme. Parecía. Porque después sale Mario Draghi dice ‘abracadabra’  y la amenaza se descalabra apuntando cada vez más abajo. La Prima se juega su credibilidad si ningunea la voz que hace magia. Y cede espacio. Pero sólo de momento y sin solucionar nada.

Los mercados no apuntan tan a la cabeza, eso es cierto, pero apuntan a los pies y disparan para que bailemos la coreografía fraudulenta de sus beneficios. La prima baja y la bolsa sube pero España sigue siendo solo una casilla en un tablero y la economía sigue jugándose las vidas de los que viven dentro. No hay camino por donde nos llevan. No hay forma de llegar a ninguna parte andando tan perdidos.






(des)Medidas (20-07-2012)


No hay nada mejor que encontrarse en medio de la situación que obliga a hacer lo que uno quiere. Eso deben pensar en el gobierno, que tras anunciar alegremente cada medida no hacen otra cosa que excusarse con que las circunstancias mandan y que ellos tan sólo las obedecen. Valiente forma de gobernar. Y es cierto que la realidad se ha vestido de gris, que todo pinta mal y sin colores, que no hay mucho margen de maniobra y que cada dedo que se mueve tiene devorada la uña en contraposición con las pocas manos ofreciendo ayuda, que se las dejan muy largas. Avaricia. Pero no es cierto que sólo haya una manera de afrontar la situación, ni siquiera es verdad que sólo haya un método para una misma forma. No hay nada más que mirar alrededor. Sí. Falta dinero y se ha de recortar en gastos mientras no haya mejores ingresos. Eso nadie lo niega. El problema es que dependiendo de qué incluyas en esa lista de gastos puedes reducir y retrasar todavía más el aumento de los escasos ingresos, que es el verdadero problema. Es el pez que se muerde la cola. Son los matices los que cambian las cosas; o por lo que no cambian.

Nada nuevo. Y así tras un portazo viene el siguiente. Una a una se van cerrando cada vez más puertas hacia la salida mientras la irresponsabilidad entra a patadas en todas las casas con facturas pendientes, vaciándolas primero de pertenencias y más tarde de sus dueños. La fortuna de unos pocos financiando la mala suerte del resto, programándola y ejecutándola a control remoto, tras la más simple sinapsis: quiero más. Son las cifras las que marcan el ritmo impar del egoísmo que se ha apropiado del sentido común propagando vergüenza ajena e indignación por todas partes. Pero las calles están amordazadas de repercusión. Y sólo se oyen los ladridos de los que vigilan que todo siga igual, empeorándose en el mejor de los casos, que todo siga así, manteniendo las grandes riquezas aun a costa de superpoblar la pobreza. La microeconomía grita ayuda cada vez más numerosa. La macroeconomía es sorda de multitudes y manca de tender la mano.

Se puede hacer mejor de otra manera, incluso se podría hacer mejor de la misma forma. Lo que parece realmente difícil es imaginar cómo empeorarlo, hacerlo peor se me antoja imposible. Y es que nunca se había perdido tanto en tan poco tiempo, al menos tan absolutamente para nada y sin guerra de por medio. Los resultados de cada medida se materializan sólo en tener que realizar una todavía peor que la haga buena retroactivamente. A cada paso estábamos mejor en el de antes. Y no hay voluntad de dejar el camino. Lo irrenunciable se va quedando en la cuneta sobrevolando el abismo de no querer darse cuenta.  Y no es que no haya solución es que para algunos no hay problema.

viernes, 6 de julio de 2012

La partícula


Hace poco, un fallo técnico, un cable suelto o una mala medida, junto con algo de prisas y muchas ganas de méritos se combinaron queriendo desmentir a Einstein y atribuyendo velocidades mayores que la de los fotones a otras partículas que finalmente no eran tan rápidas como la precipitación de querer sacarlas precisamente a la luz. Una anécdota, tal vez, pero no deja de ser significativo lo rápido que se extraen titulares sin que haya verdadera noticia, la velocidad de propagación de las prisas por asistir a algo nuevo y significativo, relevante, a algo por descubrir, a una nueva gran pregunta o a una respuesta a un viejo gran enigma. Todos quieren ser testigos del siguiente peldaño, hartos de repartirnos el escaso suelo, y unos pocos se disputan la autoría de la próxima altura, muchas veces tan poco estable que no tarda en ceder al peso de querer subirnos a todos o incluso a un par de expertos.  Ahora se trata del bosón de Higgs, aunque esta vez no parece haber dudas, ni cables sueltos, la seguridad del descubrimiento se presenta estable y unánime, todos lo celebran. Entonces existe. Y hoy es otra realidad, estamos a otra altura, hemos subido un nuevo escalón,  nos acercamos al infinito y al completo conocimiento, aunque el infinito tiene la peculiaridad de que por más que te acerques queda siempre igual de lejos. No importa. Avanzar es una dirección no una mejora, científicamente hablando, claro.

En este caso la dirección es miles de millones de años hacia  atrás, a instantes después del primer momento, tras el estallido del Big Bang. Se teorizaba que en aquel entonces debió existir una partícula que haría de intermediaria entre el vacío y el tiempo recién inaugurado para llenar el espacio de un Todo esparcido (o esparciéndose), esa partícula, breve y ocasional, debía aportar a otras tantas partículas la propiedad de la masa y con ello la existencia de las cosas tal y como las conocemos o nos las explican. Eso pensaba Peter Higgs, de forma mucho más compleja y científica, 50 años atrás y luego muchos científicos y finalmente los gobiernos que invirtieron 6.000 millones de euros para certificar -entre otras cosas- esto a traves del CERN y con el LHC. Y por lo que parece lo han conseguido. La noticia es por lo tanto muy relevante aunque mucho menos de lo que hubiera sido certificar lo contrario, esto es, que el bosón de Higgs no existiera, ya que eso supondría tener que romper los cimientos de toda la física que debería buscar sustento en una nueva teoría, hoy por hoy innecesaria.

Tras este magnifico logro y descubrimiento en el campo de la física cabe preguntarse si no podría hacerse algo parecido en el terreno político. No sé, invertir otros tantos miles de millones de euros y suficiente equipo de juristas, historiadores, filósofos, biólogos, politólogos, antropólogos, activistas, ingenieros, arquitectos y economistas, en construir un acelerador de justicias y razonabilidad, y no ya para buscar si alguna vez, en las primeras civilizaciones, existió de forma generalizada la partícula del sentido común (ahora tan bien escondida tras un avaricioso beneficio propio de unos pocos) sino más bien para generarla y proponerla, en un sistema nuevo, reflexionado, ideado desde el conocimiento y la experiencia. Aunque me temo que no, que para cambiar de rumbo y el mundo no se hará ninguna inversión ni planteamientos nuevos, que la historia dice que ninguna crisis ha cambiado la historia, que siempre ha sido justo después, tras no atenderla y dejar que irrumpiera sobre las ruinas, la catástrofe. 

Fumar o no fumar: ésa no es la cuestión (29-06-2012)


Antes se fumaba en todas partes sin problema alguno. Ahora es un problema fumar en cualquier sitio. El humo del tabaco, que antes formaba parte del perfume característico de cualquier ciudad, ahora parece ajeno, huele mal y apesta con solo que llegue una tenue hilada de humo desde algún cigarrillo. Me parece bien. Todo lo que se haga por la salud general nos salva a todos.  Sin embargo a veces se pone a la salud por delante para que nadie dispare, a veces se pone de parapeto algún objetivo noble o deseable para que nadie lo tumbe y no se vea qué esconde detrás, qué es lo que tapa. Porque muchas veces la intención se oculta bajo el velo de la innegable lógica, de lo que toca, y entonces nadie discute nada o queda inmediatamente desacreditado quien lo intenta o pretende. ¿Cómo defender poder fumar si fumar es irrefutablemente nocivo para el fumador y para sus vecinos, para todos menos para el del estanco y los de la tabacalera y los que recaudan los impuestos?

Pero para el gobierno el problema del tabaco no es que mate al adicto y alrededores, sino más bien, que además de generar unos grandes ingresos a través del impuesto aplicado a cada paquete, conlleva una serie de gastos derivados de atender sanitariamente los males que causa el tabaquismo. He ahí todo el problema, la verdadera cuestión, si el gobierno no pagara nada por cada enfermo fumador, si no le fuera reclamable, ni pudiera ser luego acusado, de poner o permitir un producto a todas luces venenoso para la salud pública, si no tuviera que pagar por tanto ninguna indemnización, ni ingreso o tratamiento hospitalario, la película sería distinta, sería otra, de otro género, de cine negro y gris pulmón. ¿Pues qué llevaría al gobierno a prescindir de tan altos ingresos si no llevaran asociados ningún gasto? La salud pública desde luego que no, ya se ha visto cómo le trae sin cuidado, cómo la ha desmantelado o descuartizado con tanto recorte y cortes de manga.

Sin embargo no se puede tapar para siempre lo que se esconde, no siempre vale o dura el escudo de buenas intenciones, y a veces uno se olvida , y deja entrever su verdaderas intenciones creyéndose ya a salvo y fuera de toda sospecha o suspicacia, a veces alguien asoma la pata y la mete. Y entonces ya no hay marcha atrás ni nada que decir o forma de desdecirse. Y así está ahora Esperanza Aguirre, tras asomar su pata y meterla, precipitada por sus ansias de grandeza y victoria. Pues ha afirmado que está dispuesta a permitir fumar en las instalaciones del macro casino proyectado para Madrid, ‘cambiando la ley’ ha dicho, claro, los políticos son expertos en cumplir las leyes tras modificarlas a su medida.

Eso sí, lo que quiere hacer Esperanza Aguirre no será razonable pero es del todo lógico. Ahora los gastos en sanidad son y serán mucho menores, el gobierno, amparado e inspirado por la crisis, seguirá reduciendo hasta el ridículo la cobertura de la sanidad pública y con eso el subsiguiente gasto provocado por el tabaquismo y por lo tanto incrementar los fumadores redundaría en aumentar la recaudación sin que repercuta en los gastos. Bravo.

Ahora bien, si cambia la ley del tabaco nuevamente tendrán que vigilar que no vengan en manada las denuncias por parte de los dueños de innumerables bares y restaurantes que en pocos años han tenido que invertir dos veces lo que no tenían, lo que aún están pagando, para cumplir con la ley que a su vez ha hecho inútil sus inversiones y a veces hasta su negocio. Pues si la ley se cambia de nuevo y tan arbitrariamente se puede demandar y ganar fácilmente cada juicio. No se corten.




Esperando el meteorito (22-06-2012)


Basta con ponerle precio a la justicia para que pierda todo valor y nos salga a todos muy caro. Y hace tiempo que le pusieron precio, un precio alto, demasiado elevado, sólo asequible para los más adinerados. No, claro que no, eso no es justicia, pero deja igual de satisfecho a quien la compra y además tiene más autoridad. ¿Justicia? preguntan sonriendo unos mientras otros la claman. ¿Quieres justicia? Pues te la pagas. Pero  mientras sírvete tú mismo la miseria, a esta larga ronda invitan desde las altas esferas. Bebed a morro de vuestra pobreza, no os preocupéis que no faltarán botellas, hay vacío de sobra con el que llenarlas. Y no gracias, yo soy abstemio cuando se trata de tragarme la dignidad. Si acaso una copa de champagne a vuestra salud mientras os la quito.

Cansado. Harto. Desgastado. Herido. Impotente. Estupefacto. Desencantado. Sobre informado. Desinformado. Desconcertado. Inexpresivo. Presionado. Impresionado. Dolido. Doliendo. Escuchando. No oyendo nada. Atento. Desapercibido. Buscando. Rebuscado. Ofuscado. Roto. Derrotado. Perdido. Perdiendo. Aquí, ningún sitio. Allí, nada. Yendo. Revolviendo. Caminando sin avanzar. Avanzando en la quietud. Amenazado. Ninguneado. Engañado una vez. Engañado de nuevo. Y otra vez engañado. En el error. Muy dentro. Equivocado. Presa de un miedo programado. Presa. Preso. Prisas. Responsabilizado. Cargado. Sobrecargado. Culpable de no hacer nada. Inocente explotado. Explotando de inocencia. Estallido. Estallando. Grito mudo. Callando a palabras. Amordazado.

Todo se ha dicho pero como si no se hubiera dicho nada. Todo se sabe. Pero se oye silbar al disimulo con la armonía de no acabar de creérselo. De hacer ver que todo es una película o un mal sueño. Pero pasan los días y no despierta otra realidad. Dudar por pensar que las cosas no pueden ser tan claras. Tan simples. Tan impensables. Tan pensadas. Duermen los siglos domados. Sueña la experiencia que se pone en práctica, que se desata, que la liberan. Cree la razón que vendrán a por ella y espera. Pero nadie se da la vuelta. Hace tiempo que rectificar pilla muy lejos. Inalcanzable. Los sabios se extinguieron en cuanto despertaron los dinosaurios. Esos que rugen codicia por todo el planeta mientras la justicia pasta olvido, que todo lo devoran y con todo arrasan, sin contemplaciones, sin contemplar nada. Esos que dicen que vivimos por encima de nuestras posibilidades para poder seguir viviendo pisoteando nuestros derechos. Y gobernados por dinosaurios no queda otra que ir apelmazando arena en la luna y construir el meteorito que acabe con esto para que comience todo de nuevo, por los principios.











'Rescatar' tiene todas las letras para que sea de nuestras 'carteras'. (15-06-2012)


Llámenlo como quieran. El problema nunca viene directamente de los nombres sino más bien de los verbos. El verbo no se puede cambiar por muchos que sean los nombres que se le ponga a uno, lo que sucede es lo que pasa y no hay otra. ¿Rescate?,¿apoyo financiero?, ¿préstamo óptimo?. Qué importa, hablemos mejor de las condiciones, de en qué consiste y de cómo y quién lo paga, y de quién y por qué tiene la responsabilidad, cuando no la culpa, de haber llegado hasta este punto de no tener más remedio que estar agradecidos a la mano que agarra por el cuello.

Porque Rajoy está agradecido, por no decir que satisfecho y casi pletórico. “No está bien decirlo pero en todo caso era yo el que presionaba” eso dijo el hasta hace nada lenguaraz líder de la oposición y ahora lacónico presidente de gobierno, que era él quien había conseguido el rescate, o la ayuda, o el remedio, que había sido por medio suyo que las condiciones no sólo resultaban ser las mejores para estos casos sino buenas en cualquier otro. Así que después de meses y meses con los mercados poniendo piedras en el camino y después de tropezar con cada una sin caer del todo al suelo ni en la forma de esquivarlas, llega la que finalmente logra tumbarnos y Rajoy se postra orgulloso a los pies de su fracaso simulando estar descansando sobre un confortable éxito.

Y no lo es. Deber más dinero del que se debía nunca es bueno. Pagar la deuda antigua con otra nueva no resuelve ningún problema sólo retarda los síntomas, se programan para más tarde y peores. Hoy se puede respirar más aliviados que ayer, es cierto, pero mañana faltará más aire y será peor la asfixia. Pero no importa porque últimamente mañana queda muy lejos y vamos de hoy en hoy desvalijando cualquier futuro. Querer vender como éxito propio que tus acreedores encuentren la forma de que les pagues y encima más, es ser muy ingenuo o pretender que los demás lo sean, lo cual es más ingenuo todavía.

La realidad es que Alemania ha encontrado la manera de hacer lo mismo que en Grecia pero que parezca otra cosa. Allí primero rescataron, luego recortaron, luego llegaron las protestas y todavía siguen sin encontrar mejoría en sus problemas. Aquí pasa lo mismo pero al revés, primero llegaron los recortes, luego las protestas y finalmente el rescate y ninguna mejora. Y es verdad que no se altera el producto (sobre todo el Interior Bruto) pero al menos así como lo ha hecho Rajoy en España, la culpa parece más autóctona. Sin embargo la sonrisa patriótica de Merkel es igual de amplia en ambos casos.

¿Y es que cómo va a salir Europa de la crisis si la crisis se aviva con lo que resopla Europa?,  ¿cómo salir juntos tantos países de la mano si nadie siente la nacionalidad europea, si cada uno se lame las heridas en su lengua y escupe veneno a las otras?. Está saliendo EEUU porque su Banco se siente americano. Está saliendo Gran Bretaña porque su banco se siente británico. Pero no sale Europa porque su banco se siente alemán, porque lo es, porque presta euros y se cobra marcos. 

Antes de la crisis (08-06-2012)


Antes de la crisis el mundo estaba lleno de problemas. Ahora el único problema es que estamos en plena crisis. Todo lo demás ha desaparecido, no es que esté solucionado, es que ya no aprieta ni urge,  o sucede muy lejos o de forma tenue o mal contada, nunca en portada,  no como antes, ni tantas veces. Todos los grandes problemas pasan desapercibidos cuando viene otro más en primer plano y tapa lo que hay detrás y aunque sin cambiarlo: si no se ve no está, si no está no lo noto, si no lo noto no me preocupa, si no me preocupa no me ocupo. Pero si no me ocupo acabará sobreviniendo. Y entonces qué. Pues ya veremos, porque ahora desde luego que no, ahora no se ve nada.

Sí, antes de que la economía se convirtiera en una especia de ruleta rusa pero con francotiradores que apuntan a las piernas de los países para arrodillarlos, antes de que supiéramos que los bancos tampoco tenían el dinero que prestaban y que iban acumulando deuda para llenarse los bolsillos ahora y entonces,  antes de comprobar que Europa no está unida sino simplemente junta, antes de ver que este mundo progresa a dólares por segundo o euros por minuto, y que no evoluciona desde entonces,  antes de que nos estallara la avaricia escondida tras este insensato Mercado hecho tan a desmedida, antes de que cada día fuera noticia que la situación no mejora, antes de que por encontrar trabajo tuvieras que pedir perdón o sentirte culpable, o exageradamente agradecido y antes de que pudieras perder este empleo sin ninguna justificación y sin a quién pedir auxilio; antes de todo esto, antes de esta maldita crisis, cuando no todo era economía, o cuando no se sabía que todo era sólo economía,  antes de eso, decía, el mundo agonizaba desde mil rincones distintos, con millones de voces de niños, con hectáreas de bosque extintas, con océanos repletos de vacío, esquilmados y toneladas de petróleo derramadas matando, el mundo antes gritaba balas, golpeaba a bombas, declaraba guerras para vender más armas y sacar tajada y robar las botas del que quisiera morir con ellas puestas.

Antes de la crisis, moría gente de sed porque se les había robado el agua, moría gente de hambre porque se les había robado los cultivos, moría gente abandonada a su suerte porque eso generaba fortunas. Antes de esta crisis el mundo era un desastre. Ahora el desastre es lo que queda detrás, lo que viene, cuando salgamos de esta si salimos, es lo que queda, si es que queda algo para cuando esto acabe, si es que termina. Y es que la crisis no es el monstruo, sino su cola. 

Tú pierdes. Ésas son las reglas (01-06-2012)


Por lo que parece no son tiempos de responsabilidad. Y mucho menos de asumir roles heroicos o a contracorriente. Aquí nadie busca el futuro más allá del periódico de mañana, más lejos de la estadística más reciente. Ni nadie persigue más mérito que el de seguir las instrucciones del que amenaza, que el de buscar la palmada en la espalda que la saque de contra la pared y envaine la espada. La actualidad llena de vacío al sentido más común y lo va precipitando, en acelerones. Cada vez marchamos más rápido y cada vez queda más lejos llegar a alguna parte, a algún remanso, todo va mal pero lo peor es que todavía se cree en que funciona y nada se cambia sino que tiende a más y a menos según si son despropósitos o capacidades.

Y así es como cada día nos levantamos con la mala noticia de ayer superada. Y como si el mundo hubiera prendido; la realidad se incendia con claras señales de humo pidiendo auxilio, pero el humo se usa para tejer cortinas con que tapar el fuego que arrasa con todo. Y cenizas. Cada vez son más. Cada vez queda menos. Y se siguen protegiendo los árboles del fuego talándonos y sacando pecho, tirándolos abajo y esperando aplauso o premio, tras allanar más el camino a un incendio que arde sin contemplaciones, que abrasa por fuera y quema por dentro y selectivamente a una masa ingente.

Se hace mal desde Europa, se hace mal Europa, pero se hace peor en España que se mutila con orgullo y desde dentro. A veces atacando a la corona por querer hacerla a medida de otra cabeza que ahora mismo no da la cara, otras patrocinando peleas internas que externalizan odio, y como si eso no bastara ni fuera suficiente, la corrupción cada vez cuenta con más y mayores casos evidenciando un sistema que la estructura y sustenta, que lo permite o no impide, que está en sus cimientos y nos demuele. También están los problemas en el Supremo y los del Constitucional y así seguimos ampliando la lista hasta institucionalizar la desconfianza. Que es lo que ya reina en España. Sobre todo después de lo de Bankia, tras conocer semejante disparate económico y desconocer las causas. Ahora que sabemos que había cajas que no prestaban dinero sino que estaban acumulando una factura multimillonaria que nos iban a pasar en un futuro, que vamos a pagar en breve, y que desde fuera ya se nos dice que muy caro, porque la Prima sube, porque prima la avaricia.  Porque no importa cuántos sean los que pierdan mientras alguien pueda sacarle beneficio.

En el efecto de obviar la causa (25-05-2012)


A veces el problema es sólo no quererlo resolver. A veces basta con admitir el error para salir del fracaso. Pero aquí nadie admite nada, ni pide perdón, y ante el reiterado error, la responsabilidad no hace acto de presencia. Parece ser que el sentido común está fuera de cobertura y reina el despropósito a cada paso. Está claro que caminamos hacia un futuro cada vez más incierto, que cada vez queda más cerca lo difuso, que cada vez nos adentramos más en la incertidumbre. Y es desde la incertidumbre donde brota más la improvisación, y es la improvisación la que acelera las prisas y apaga las luces de acuerdo con la voz interior de los que gobiernan. No se sabe ya si el barco o directamente el naufragio. Ni se sabe si es peor no gritar auxilio o que acudan al rescate. Porque la mano tendida ofreciendo ayuda tiene la forma y tensión de querer agarrar por el cuello.

Cuando las cosas van mal los políticos tienden a alargar sus sonrisas para taparlo. Cuando las cosas van peor la política consigue allanar más camino al empeoramiento. Pero ya no hay sonrisa tan amplia como el desastre, ni es necesario preparar el camino cuando se está cayendo. Los políticos se han quedado sin forma de ejercer y sobreactúan en el vacío de su conocimiento. Es la incapacidad la que lleva las riendas de esta realidad desbocada por la avaricia, aquí el rigor no dice nada y la experiencia se niega y se tapa. No importa cuánto se sepa de economía o de historia, no importa lo que se conozca de nada. Aquí la razón se disputa entre cuentas bancarias, contraargumentando ceros. Propagando así cada vez más números rojos entre las familias y dejando a la mala suerte sin salida tras haber entrado en tantas casas. El derecho a ser multimillonario está acabando con el resto de derechos y así parece que seguirá hasta que sea el único que quede en pie.

Mañana no será distinto, ni la semana que viene. Y probablemente dentro de un año, como desde hace otros tantos, seguiremos inmersos en el mismo problema: no plantearlo. Sin plantear el verdadero problema todas las soluciones que se tomen no harán otra cosa que sostenerlo. Tal vez lo peor no sean los efectos de la crisis sino su causa latente y siempre a salvo. No hay mentiroso más eficaz que aquel que no se preocupa en conocer la verdad, ni mentira más temeraria que la que niega una y otra vez la realidad estallando en plena cara. Caminar con un miedo inculcado a conocer lo que verdaderamente ocurre hace que cada vez sea más temible la realidad del camino. Y cuanto más temible sea la actualidad más pasos seguiremos dando hacia atrás y hacia abajo.


viernes, 18 de mayo de 2012

Danzad, danzad, malditos



Continúa el baile. Semana tras semana España sigue dando la nota por no conseguir dar con la tecla. Tal vez sea que Merkel se haya quedado con el teclado. Con el ratón parece ser que no, a ella le gusta ser gato y que le sigamos el juego. Y es que gato con guantes caros caza ratones con un chasquido. Y ese es el son al que baila el gobierno.  Aquí todos bailan al ritmo del dinero. Las ideas no importan. La política no importa. La gente no importa. El futuro no importa. ¿Tienes dinero? ¿Sí? Pues usted dirá, a mandar, hasta que se le acabe. A mi me dura la paciencia lo que a usted la cartera. Ya lo sabe.

Continúa el compás. Las cifras bailan al ritmo impar de la avaricia. Unas suben encareciendo la vida y otras bajan abaratando la muerte. Mientras tanto la prima de riesgo sigue descalificándose a sí misma desmoronando países a control remoto. Hay personas que pegan un brinco cada vez que a España le sale más caro el dinero, un salto de alegría, una alegría repleta de ganancias. Son esas mismas personas a las que los países han de comprar el dinero cada vez que no tienen. Comprarlo a cambio de deuda, claro. Deuda a cambio de deberlo todo, por supuesto. ¿No tienes dinero? ¿No? No te preocupes a mi me sobra para dejarte, eso sí, a cambio de que me hagas rico por el camino de devolvérmelo y con la condición de que estoy haciendo una compra, de que eres mío hasta que no pagues y que hasta entonces yo decido por los dos. Toma, coge el dinero con el que me vas a hacer rico. Anda, cógelo ya es todo tuyo y tú eres mío.

Se repiten los pasos. Uno tras otro sin movernos del sitio. Avanzamos pero hacia abajo buscando una salida que cada vez nos queda más arriba. Todo se reduce, todo tiende a menos, como si hubiéramos adquirido la nada a plazos. Incómodos plazos. Plazas incómodas. Mordazas. Presión y presión: represión. Ahora hay que indignarse de puntillas. Sin hacer ruido. No es bueno despertar a la desconfianza que siempre duerme con los ojos bien abiertos, dicen, y que siempre sueña que nos pilla algún engaño y nos hace pagarlo. Pero el silencio mece también a la justicia y se duerme con los ojos vendados y soñando que lo ve todo sonríe, esperando el ruido que la despierte. Porque no es sorda.

La voz dormida (11-05-2012)



Me dormí con la tele encendida. Era una noche cualquiera escuchando las noticias de siempre. De este siempre de ahora, de este ahora tan fugaz, de esta fugacidad tan devastadora. Me dormí con la tele encendida y soñé influenciado por lo que oía.  Y tuve un sueño extraño, hablado, era una voz que me decía a dónde iba a medida que me adentraba en las entrañas del cansancio y del hastío . Era una voz muda, sobreentendida, una voz de nadie que claramente era la mía. Tuve ese sueño que me hablaba de este mundo, extraño, del ritmo descompasado, del pulso que la avaricia le echaba a la justicia una y otra vez, incansablemente, para entretenerla y desfalcar al futuro alargando sus interminables brazos. Tuve un sueño, mientras el mundo dormía mecido por el temor a despertarse, acorralado por el miedo de seguir durmiendo. Tuve un sueño extraño, narrado, era una voz que me arrancaba desde adentro las ganas de quedarme sin salida, que me invitaba a huir, a pelear por encontrarme ante la puerta, abrirla y comprobar que sí hay fuera. Tuve un sueño que susurraba el paisaje de salir, que murmuraba otro futuro posible, una manera distinta, que dejaba entrever un horizonte más allá de las paredes que levanta la codicia, que había un lugar a donde ir, que había un sitio del que marcharse.

“Ejército de trampas, trampolín del ejercicio económico que piruetea agarrándose a las garras de la garrama, despilfarro de engaño propagando propaganda de la realidad retractable que retrata, y cada vez son menos los que salen en la foto, son risas sonriendo a la breve luz del dinero. Enfermedad en el tratamiento tratando que sean más los enfermos que firman conforme se conforman de su forma enferma, transmisión masiva de un virus impuesto a la verdad convirtiéndola en ambuesta que resbala por el espacio entre los dedos. Sano juicio en no tenerlo, la razón asiente al sinsentido y  sitiado se sienta en su sitio, locura pasajera y piloto del volátil argumento razonable que ya no toca suelo, sitibunda sinrazón que hace aguas de lo cierto para bebérselo y verse versionada en su opuesto infundiendo pasión a la confusión de un siguiente más con progreso, grasa con la que patina el fácil acierto de un acertijo complejo en el jeroglífico planteamiento”.

Ese fue el sueño, las palabras que iba oyendo. Las recuerdo muy bien todas y al día siguiente tuve la sensación de despertarme dos veces.

Ajeno a la expropiación (04-05-2012)


Dice el mundo que España no da miedo. Que no intimida, ni asusta, ni se la teme. Y en un mundo tan puramente económico como el de hoy, eso se va traduciendo en expropiaciones y desplantes. Aunque a España, en realidad, le quitan muy poco y casi nada, entre otras cosas porque eso es lo que tiene, le quitan mucho, eso sí, a unos pocos españoles con macrocuentas en el extranjero. Españoles que, como se ve, saben repartir y luchar nacionalmente sus pérdidas mientras despilfarran o acumulan a modo particular toda ganancia. Nada nuevo. En el capitalismo la avaricia viene de serie y se agudiza en la punta de su estructura piramidal.

Las expropiaciones están, en cualquier caso, a la orden del día en Latinoamérica. De momento ya se han dado los dos primero pasos y existe la sensación de que habrá más en esa dirección. El primero fue en Argentina, hace bien poco, que de forma abrupta se apoderó del poder de YPF en su país y con ello de toda la inversión que llevaba haciendo durante estos años, no en Argentina, según se quejan, sino en YPF.  Y parece ser que lo adquirió sin intención alguna de pagar nada a cambio y que actúan desde ese momento como si fuera suyo lo que les era ajeno, tal vez considerando  que ya lo han pagado con creces. En economía la razón siempre la tiene el que puede. En todo caso, eso no le gustó nada al señor dueño de la empresa petrolífera, ni las formas ni sobre todo el fondo, no le gustó en absoluto, como no podría ser de otra manera, pues hablamos de cifras astronómicas, estamos hablando de sus cuentas. Y si hay algo que fastidie a un multimillonario todavía más que no ganar riqueza al día siguiente es, sin duda, ser menos multimillonario de un día para el otro. Como ha sucedido en Argentina. Aunque ahora, tras la políglota amonestación verbal, parece ser que el gobierno argentino está dispuesto a compensar las pérdidas de la petrolera, aunque no habla de cifras ni de compromisos.

 Evo Morales, aunque embriagado por el espíritu demagógico de cada primero de Mayo haya decidido dar el siguiente paso y nacionalizar REE, sí habla, en cambio, de compromiso y casi de cifras y ha asegurado que pagará un justiprecio por la adquisición de la Red Eléctrica Española por parte del gobierno de Bolivia. Claro que aquí el compromiso y la cifra son ridículos al compararlos en volumen con el caso argentino.  Curiosamente –pero no de forma sorprendente- el mismo día en que Evo Morales anunció esta nueva expropiación,  el representante de Repsol, que tanto lamentaba el ataque a España desde Argentina,  estaba junto al presidente que ahora “atacaba” a España a escasos metros, y no daba  la sensación de sentirse agredido, ni de que fuera con él la historia, ni de que le importara lo más mínimo. No, él estaba concentrado en lo suyo, en su negocio y en la mega-inversión que iba a llevar a cabo y en el beneficio a corto plazo que tanto le abría los ojos. Y no habló por supuesto, de la nacionalización de REE. Y es normal, porque Repsol no representa a España, ni la defiende, ni iza su bandera, ni habla su lengua. Repsol, como toda empresa, representa, defiende, iza y habla un solo idioma que es del dinero.

Schwein Steiger (27-04-2012)


A Alemania le va bien que a España le vaya mal. Le va bien al menos de momento y comparativamente. Y es que cuando no queda sitio al que subir, cuando no queda camino por donde avanzar y todavía se quiere mantener uno arriba o adelante a toda costa, no hay otra forma que hacer bajar al resto o retrasarlos, que hacer que anden para atrás y se empeoren para seguir saliendo solo en la foto. Alemania no es fotogénica pero de momento el mundo le sonríe, de momento las cosas le van saliendo según el plan. ¿Cuál es el plan? Ser el primer país europeo en salir de la crisis. ¿Cuál es la forma? Alejar de la salida a los demás.

Y así estamos, con un gobierno que cree que hace leyes de acuerdo con su ideología amparado además por la necesidad y las prisas, mientras Alemania se frota las manos y esconde el aplauso ante el programado retraso que ejecuta tras la cortina. Vamos para atrás pero porque nos están empujando y nos están empujando porque no tienen otra forma de sentirse delante. Y es que el sistema está colapsado, la rentabilidad ha perdido comba y el dinero no crece al antojo de la codicia que no se revierte sino que da media vuelta para sacar rédito incrementando la pobreza alrededor, repelando en la miseria; propagándola.

Y la gente lo intuye, la gente lo vive, y se sabe en las calles, multitudinariamente, se sabe que se están enfocando soluciones donde no hay problema, que se está agravando el problema al no atenderlo y que no se atiende para hacerlo grande y que lo quieren hacer grande desde afuera y desde todas partes.

Hay una guerra a escala mundial, una guerra sin armas y sin disparos, donde muere el futuro acribillado por fuego amigo, hay una guerra económica, de trincheras legales, una guerra ilegítima, de amenazas financieras, hay una guerra internacional, una lucha de países que abastece de pólvora a los mercados, que dinamitan  cualquier otra lucha. Hay un desánimo provocado, una razón secuestrada por un miedo adiestrando,  un futuro programado para seguir perdiendo.

No, el problema no es el déficit, lo que se debe, sino de crecimiento, de cómo llegar a pagarlo. Dígame cómo, de qué manera, cómo avanzar, ábrame el paso y muestre el camino, señale un horizonte que apunte al norte. No me hable de medidas anticrisis con esa cara de ideología, no me hable de patriotismo mientras le hace el trabajo sucio a  una Alemania que se lava las manos con su incapacidad, no me hable de soluciones mientras siga siendo usted también parte del problema.

Globalmente a ningún sitio (20-04-2012)



Hasta que llegó la crisis no se podía apreciar en qué medida estaba el mundo globalizado o hasta qué punto podía detonar la paz mediante el leve aleteo de una mariposa insolvente y remota, oriunda de lo lejos en todas partes. Ahora, metidos de lleno en una crisis global desde hace tanto tiempo, ahora que todos vivimos inmersos y pendientes de noticias internacionales, eso sí, con estupefacción local, ahora que, en fin, miramos de reojo lo que tenemos delante y fijamente y de frente al resto del mundo que parece darnos  la espalda, queda claro que somos presa de una globalización: nos están asfixiando a muchas manos, nos estamos ahogando entre todos.

Y es que una de las cosas más globalizada es tristemente la descoordinación, y así vamos, cada uno tirando para su lado sin dejarnos llegar a ningún sitio, coreando entre todos un sálvese quién pueda o un muérete tú antes, no se escucha muy bien entre tanto ruido y distancia. Argentina, por ejemplo, prueba suerte expropiando una inversión extranjera asegurándose con ello muy pocas más en un futuro. Y es que lo que hoy parece una buena idea al día siguiente se revierte y se vuelve contra quien la lleva a cabo y así no hay forma de salir indemne, así no hay manera de salir ganando. Es lo que hay, cada día se decide el error del siguiente,  a cada paso se estira más  el camino y queda más lejos llegar.

Y cómo quitarse la sensación de duda, la preocupación, cómo dejarse llevar por los que gobiernan si en cada idioma solución se traduce en problema. Francia se propone grabar las rentas más altas, Inglaterra reducir lo que pagan, y EEUU para no romper con su historia se plantea ambas cosas a la vez simulando una duda que nunca tiene. En EEUU, ya se sabe, son expertos en hacer ver que lo son, en anunciar soluciones que pretenden que se copien globalmente, algunas incluso antes de llevarlas ellos a cabo, para luego observar, medir y calibrar la verdadera solución local, que en ocasiones suele ser sólo ésa, conseguir que los demás copien lo que ellos finalmente no hacen. Parece que el mundo está dirigido a control remoto por un error en cadena, por equivocaciones en serie que terminan en serios dilemas. Y la precipitación acosa desde todos los flancos con toda su prisa.

No hay forma de salir de un laberinto inventado sin salida. No hay forma de encontrar la llave que abra una puerta blindada con avaricia. No, no dejaremos atrás los motivos que nos llevaron a adentrarnos en este mundo de ahora, en esta actualidad que hace obsoleta cualquier expectativa de mejora. Y todo apunta a que seguiremos así, desbastando el futuro globalmente, golpe a golpe, parte a parte, hasta la ruina colectiva.

miércoles, 18 de abril de 2012

Recortando el futuro (Publicado el 13-04-2012)


Se puede hacer peor a cada fallo y acumular no hacerlo bien hasta el desastre. Se puede seguir  la voz que amenaza y acabar por enfurecerla más todavía. Como sucede ahora por ejemplo, cuando los mercados descargan su avaricia contenida contra España y tras seguir sus pautas; sube la prima de riesgo, los inversores mueven sus fichas y los países vecinos nos señalan como ejemplo a no seguir, pronosticando una situación que arrasaría también con ellos, pero a los políticos ya no les importa perder la razón a largo plazo mientras refuercen con eso la mentira de distancias cortas, a pie de urna y rotativas. 

El mundo a largo plazo está extinguido. No hay horizonte al que confiar el rumbo, todo sucede a bote pronto, acumulando reacciones que engranan un futuro imprevisible. Lo decía Rajoy de Zapatero, decía eso, que improvisaba, que iba dando tumbos, que tenía ocurrencias y que de ahí le salían los disparates con los que iba gobernando España, que hacía el ridículo internacionalmente, que nadie le tomaba en serio, que la confianza cotiza en bolsa o al menos en JP Morgan, y que todos los números apuntaban a que José Luis R. Zapatero carecía de valor alguno . Y ahora es él, el que empeñado en no desdecirse prefiere no pronunciar palabra, ahora es a él, a Mariano Rajoy, al que los mercados le torean y valoran, ahora es su confianza la que tiene precio y vale nada, según se dice. Repasando las hemerotecas, releyendo lo que cada uno dijo cuando tenían los puestos intercambiados, uno tiene la sensación de que PP y PSOE es un mismo partido a destiempo, al menos en lo que a combatir la crisis se refiere los dos tiran hacia el mismo lado: contra los más castigados.

Y entre lo que apretó uno y lo que ahora exprime el otro, en poco tiempo no les quedará qué extraer.  ¿10.000 millones de euros menos en Sanidad y Educación?: una cosa es un recorte y otra cosa muy distinta es una amputación. Pero claro, si uno quiere invertir en el sector privado no hay forma más barata que desabastecer al sector público, entre lo que te ahorras y lo que despejas el terreno doblas la inversión nada más ejecutarla. No sé, tal vez se hayan perdido demasiadas cosas en tan poco tiempo, y no se hace difícil imaginar qué nos quedará de aquí a tres años,  si esto sigue así, como desde hace tiempo, recortando por la parte más de abajo, sobreexplotando la pobreza. No se ve horizonte más allá de la codicia del ahora. Pero es de suponer que de seguir llenándolo todo de pólvora en algún momento se encienda la mecha.