martes, 27 de diciembre de 2011

Sin blanca Navidad


Llega la Navidad con algo de retraso y menos fuerza y se afronta con menos ganas que otras veces, seguramente porque con menos capacidad participativa que antes; incrementan las ofertas pero baja a la vez y a la par la demanda, caen los precios y descienden las ventas, se llenan los escaparates de reclamos, oportunidades y descuentos pero no se vacían los almacenes, tampoco las tiendas, muy concurridas pero con mucha gente de paso, con más nostalgia que ansia. Los tiempos han cambiado. La noche enciende las luces de numerosos y variados adornos navideños que no logran, sin embargo, ensombrecer, ni disimular, una oscuridad que cae impasible sobre cada ciudad, apagándolas todas a distintos ritmos de colapso. Llega la Navidad, año a año más floja o más fingida, con menos inercia o sentido, al menos esa navidad tal vez ajena, o por lo menos y en principio de fuera , aunque luego nuestra, y que es símbolo y exaltación del capitalismo, las fiestas del consumo, por así decirlo, del gasto desmedido y sobre todo a crédito, que tan bien hemos importado.

Y es que crédito es precisamente una palabra maldita, que está en boca de todos pero porque ahora falta en casi todos los bolsillos, y por más veces que se diga o se le llame, no se encuentra ni acude, pues no lo conceden los bancos ni lo proyectan los políticos ni por lo tanto el sistema capitalista, que no es otra cosa que un dintel colocado sobre esos pilares, el crédito ascendente de los bancos y la aparente solvencia política, y que ahora si se sostiene, si todavía parece mantenerse en pie, no es precisamente por la estabilidad de éstos, como se sabe, sino por una fe abovedada de costumbre, por arraigados contrapesos de creencia o negación, y así, de momento y por lo visto, consigue no ceder a la realidad y se mantiene, aunque sea sin crédito alguno y en el aire y con más deuda como argamasa para tapar las grietas provocadas por la falta de líquido, y en definitiva, de crédito. Lo que no parece otra cosa que un despropósito a plazo fijo y de interés variable, sobre todo para algunos tipos, que nadie conoce.

Llega la Navidad, y aunque es verdad que menos voraz, que más en los huesos, y presumiblemente con menos alegría y festividad, lo cierto es que también viene cargada de información, de realidad más a ras de suelo, y con eso de prudencia y de cautela, de análisis y conocimiento, la crisis ha abierto una brecha al sistema y le hemos podido ver las entrañas, de qué se compone y qué lo corrompe, de qué se alimenta y qué lo mata, y es un regalo, aunque con envoltorio de malas noticias,  hacer una autopsia en vida saber, en definitiva, de qué se habrá muerto. Queda pues, al menos eso, celebrar la Navidad sin blanca, camino ineludible hacia un sistema transparente. Aunque quedan años para festejarlo con verdadera alegría, ahora todavía y de momento nos toca asimilar que todo funciona realmente como estamos conociendo.

Así que nadie se confíe pues sólo es cuestión de tiempo y de reflejos y no hay mayor ingenuidad que la del que la presume en los demás.

domingo, 18 de diciembre de 2011

All-in



Tal vez no haya realmente otra solución, ni ninguna otra forma de avanzar hacia otro sitio, ni lugar seguro al que volver, puede que ya no sea posible tomarse una pausa ni seguir otro ritmo que no sea el marcado por la urgencia de la situación, y que la realidad en verdad apremia, y que por lo tanto es cierto que sólo nos queda correr a toda prisa aunque sea precipitándonos y sobre todo también por el vacío que le hemos abierto al futuro saqueándolo, gastando de antemano un dinero que todavía no se había generado, ni por supuesto obtenido, pero que logró existir con la máquina del tiempo que diseñó la avaricia en forma de abstracción financiera. Puede que, tal y como aseguran los millonarios, no haya realmente dinero, o puede que falte el necesario para que lo puedan seguir siendo in crescendo. Ellos lo saben.

Es posible que ahora que el desempleo es internacional y puebla Europa e invade a España, ahora que el paro cerca a una población y la amenaza, no haya otra cosa que hacer que dejar que el miedo agujeree la perspectiva y la lógica y que las carcoma hasta el desánimo y la depresión, y que todo se resuma a dejar hacer y a dejarse llevar. Puede que no quepa en el mercado laboral otra cosa que una nueva reforma porque  la reciente  se haya quedado ya obsoleta además de corta, tal vez no haya otra forma de avivarlo, de generar más empleo, que primero destruyéndolo –aumentar el paro-, acabar con todo, para que luego se pueda contratar más veces porque más barato, al menos eso aseguran los empresarios con ojos de ERE y vehemencia, mucha prisa y casi ansia, que es por otro lado, la única forma con la que saben hacer las cosas y con la que hemos llegado a la realidad que nos ocupa, es decir, más bien lo contrario.

Puede que sí, que lo mejor ahora sea vendarse los ojos, cruzar los dedos,  apretarse el cinturón, no subirse los pantalones, y dejar hacer, que siga avanzando la crisis, inyectando su veneno, ese miedo a perderlo todo que late por todas partes, esa inquietud generalizada y acumulada con grandes dosis de realidad y rotativas; porque la crisis no para y arrasa y proyecta su sombra y asfixia e intimida y el mundo está empañado de un miedo inculcado, aprendido, un miedo que adiestra y convence, un miedo impuesto que cotiza en bolsa y que fluctúa y genera riquezas exprimiendo pobreza hasta la miseria. Puede que sí, que no haya solución, ni alternativa, que no quede otra que bajar los brazos ante el atraco sostenido de la crisis, y dejar que se lleve en su botín tanto pasado y tantas luchas, tantos derechos conseguidos, puede que sea el momento de dárselo todo, de quedarnos con nada y esperar que se sacie o reviente o devore a lo que quede de nosotros mismos. Tal vez.






lunes, 12 de diciembre de 2011

Entidad sin capital: Europa


Alemania vive inmersa y anclada en  una perspectiva obsoleta, desfasada, la misma de la que no han salido los bancos, ni piensan hacerlo, pues no es rentable, y ya sabemos que sin la variable de negocio redondo, ningún banco toma decisión alguna, ni mueve pieza, y por supuesto tampoco Alemania, que es, en esencia, un banco, el banco de Europa. Y es que el futuro que esperaban los bancos y Alemania no va a venir, se ha roto, simplemente ya no existe y no hay manera de alcanzarlo, el dinero que se prestó bajo esas perspectivas desmentidas ya por la realidad, es un dinero irrecuperable, porque se iba a devolver en un escenario que la actualidad ha ido desmontando y la actuación se ha revertido en simulacro. Estalló la burbuja pero la riqueza teórica o deudas millonarias no revientan fácilmente protegidas por una dura y espesa capa de avaricia irrenunciable, y ni los bancos ni Alemania están por la labor de hacerse a la idea de que es, en realidad, su negocio el que les ha explotado en las narices. Es comprensible, es difícil hacerse a la idea, de hecho, ni siquiera los países deudores parecen haber caído en la cuenta, y sienten la vergüenza del moroso a la vez que como propia una culpa exclusiva. Cuando no debería de ser así.

A los bancos y a Alemania nadie les ha robado nada, aunque pongan esa cara, si se les debe dinero es por la sencilla razón de que ellos lo prestaron, pero no a cualquiera ni de cualquier modo, no por solidaridad o compromiso, ni empatía o altruismo, no lo prestaron para repartirlo mejor y generar oportunidades, ni más ricos, si lo hicieron fue bajo una única y solvente ley y perspectiva: negocio. Sí, es cierto, los bancos no son constructores, ni Alemania se ha superpoblado de casas vacías, y es verdad que ese es uno de los principales problemas, que se ha construido demasiado y para nadie, y que los países que bajaron el paro con esa industria ahora lo incrementan con creces. ¿Pero no fue acaso un negocio conjunto, entre bancos-constructores y Alemania-Europa? ¿Si en verdad pensaban hacerse ricos mutuamente cómo se entiende que no compartan ahora las pérdidas? . La realidad es que la burbuja inmobiliaria no hubiera sido posible sin la burbuja especulativa de los bancos y no se pueden financiar unas acciones y quererse librar a la vez de la responsabilidad que implica llevarlas a cabo. No, aquí hay una culpabilidad conjunta y hasta que no se tome conciencia de esta verdad no llegaremos a ningún lado, ni se saldrá de la crisis y por el camino iremos cortando y recortando, perdiendo y perdiéndonos.

A Alemania le debe dinero casi toda Europa y con eso parece que la domina y preside, acompañada de Francia, que también debe dinero pero todavía tiene crédito político, aunque sea histórico,  y queda bien en la foto como almirante simulando capitanía europea. Pero un banco no será nunca un buen gobierno, y ya se ve, Europa está totalmente desgobernada, atacándose a sí misma, inmolándose con su propia deuda, extorsionándose. Europa habla demasiadas lenguas y no se entiende.




sábado, 3 de diciembre de 2011

Encallado en el silencio (Publicado 02-12-2011

Mientras Europa pasa por una crisis de identidad y no sabe si ha de acabar siendo bipolar y recorrer a la vez dos caminos distintos, o si está siendo esquizofrénica siguiendo instrucciones de voces externas que la hacen perderse o si simplemente es un invención redonda que no cuadra o que no rueda por los muchos palos que la están trabando; mientras el euro se ve sometido a debate y permanentemente acosado, y en la eurozona cada país que actúa en defensa propia no hace otra cosa que atacar a Europa y viceversa; en un escenario europeo como el actual, en una actualidad tan a carne viva, en donde Inglaterra convoca su mayor huelga en 30 años y Portugal exprime todavía más a los suyos, donde Polonia acusa a Alemania de pasiva, y Alemania a Merkel de excesiva, y Francia a Sarkozy de adlátere y en Italia no corre el dinero y los ricos corren de un lado para el otro amenazantes; en una situación como ésta, donde Europa parece, en fin, dejar claro que unión sin fusión es igual a fricción, España parece sin embargo haberse conseguido aislar durante un tiempo, adentrada en una expectación creciente y particular, viviendo dentro de la burbuja de silencio con la que está cubriendo Rajoy la actualidad política.

Y es que durante estos años de oposición y de crisis Rajoy ha tenido tiempo de sobra para aprender una lección y sin duda lo ha hecho pues ha llegado con ella a una conclusión muy clara, eje central de su actual discurso: si no tienes ni idea de qué hacer mejor calla. Y eso es algo que por mucho que le pese lo ha aprendido de Zapatero aunque, eso sí, fijándose precisamente en lo que él no ha hecho en todo este tiempo y lo ha comprendido sin mucho esfuerzo al comprobar lo fácil que se lo ha ido poniendo como oposición con cada paso que daba y con cada medida o predicción equivocada.

Mariano Rajoy no está dispuesto a pasar por lo mismo, no quiere una oposición parecida a la que fue la suya, pues es conocedor de que ese es el camino más corto hacia el desastre, por eso hay que cambiar la tendencia desde ya, pues ahora sería su responsabilidad y su fracaso. Siempre ha sido consciente de que es imprescindible el apoyo interno para proyectar una buena imagen internacionalmente, para amortiguar la presión de los mercados, y en esto está, aplacando toda crítica inmerso en el más absoluto silencio. Esa es su máxima ahora, la mínima palabra y ninguna comparecencia en público, las menos pistas posibles y una cara de póker ante las cámaras. Rajoy calla y mientras, los mercados interpretan  a su gusto el silencio a la vez que aprovechan para mandarle mensajes subliminales aunque  rotundos: “Iremos por donde yo te diga o viene mi prima y te parte en dos todas tus iniciativas, puedo asfixiarte o destensar la cuerda, tú eliges”. 
Así que se mantiene en su silencio tal vez cumpliendo y esperando instrucciones. Rajoy calla y con eso parece decirlo todo.