miércoles, 17 de octubre de 2012

Manifestaciones (05-10-2012)


Dicen desde el PP que las manifestaciones dan muy mala imagen de España. Y ellos lo saben muy bien, después de todo llevaban más de ocho años deteriorándola, son expertos. Saben de lo que hablan y callan. O quieren callar, pero no ellos si no a los que ya apenas tienen voz de tanto pedir ayuda, de tanto gritar auxilio. Pero no son tiempos de rescates. Al menos no al estilo clásico. Ahora es más frecuente oír decir ‘¡Ayuda! ¡que me rescatan!’.  Todos temen al lobo que protege las gallinas. Pero al menos ése aúlla en su mismo idioma. Y todos lo entienden: tiene hambre y sobran gallos.

O faltan huevos. No hay para todos. Y llega el hambre que vacía las palabras. Llega el hambre que se come el mundo. Llega el hambre mientras el sistema mastica toda su avaricia. Y se le hace bola. O mentira, según se vea. Mentiras que se hacen necesarias, que se hacen sustento, que se vuelven reales, casi verdad. Mentiras empíricas. Y entonces parece que si se recorta en sanidad es para curarse en salud. Y que tener menos presupuesto en educación es lo más civilizado. Que disminuir el estado de bienestar servirá para que todos estemos mejor. Que se puede aporrear la razón hasta arrebatarla. Que manifestarse es manifiestamente peligroso. Que opinar es tener falta de criterio. Que el criterio se basa en fe. Que la fe es la única esperanza. Que la esperanza es mejor que la ilusión. Que la ilusión es sólo eso. Todo cambia de significado cuando el que manda pretende hacer virtud de la incapacidad.

Lo normal sería que las manifestaciones en la calle no proyectaran peor imagen que las manifestaciones de un dirigente asegurando que la libertad de expresión es mucho más eficaz cuando está controlada. O modulada, como inventan. ¿Modular? ¿Con qué frecuencia?. ‘Mientras tengamos el poder’ parecen decir con esa mirada de marioneta. ‘Mientras la realidad esté en nuestras maniatadas manos’ parecen creer ridículamente orgullosos. Pero lo normal se ha despoblado. Apenas hay nadie, y a los que quedan se les mira extrañados.  Aquí nadie se salva del rescate por mucha ayuda que se pida. Aquí nadie atiende a la razón por más que sean los argumentos. Digan lo que quieran, que nadie escucha. Protesten pero que nadie les vea. Persigan la razón y váyanse si quieren con ella pero lejos, muy lejos, donde no nos alcance la culpa. La imagen de España está en juego finjan que sabemos lo que hacemos. No vamos por el buen camino pero queda un buen trecho. Caminen sin miedo hacia ningún lado, eso sí, ustedes delante, que quiero escuchar la caída en catarata, los gritos que me adviertan del abismo. Vayan y encuentren el final, que no les sigo.




Faltó (28-09-2012)


Tal vez faltó contar el activo de estado de ánimo. La cantidad de esperanza o fuerzas para esperar un cambio, para creer que lo habría. Faltó, quizás, medir la ilusión que –huyendo- correteaba por las calles, faltó pararla y mandarla a correr por más ciudades y campo a través con pretextos nuevos. Puede que faltara desde los primeros análisis no sólo enumerar el total de la deuda y la capacidad de pago sino también la de aguante. Faltó, como digo, contar los metros que podían cavarse hacia abajo sin que nadie sospechara que la salida no podía quedar más adentro.

Faltó explicar desde el principio que no se vislumbraba el final, que caminábamos sin intención de llegar a ningún sitio, que sólo se corría escapando, sin mirar si hacia delante o hacia atrás, caminar sin más y sin medir el avance, y que probablemente cada vez más cerca de no poder salir. Faltó decir valientemente que ahora sólo había margen para ser cobarde, para dejarse llevar, arrastrados, por el torrente de errores que tras levantar la presa la crisis, embestía con todas las toneladas de un fracaso colectivo.  Faltó decir que el juego de la economía mundial ya sólo repartía mala suerte, que todas las cartas ya estaban sobre la mesa y que no había forma de descartarse. Faltó que los dirigentes enseñaran en sus muñecas las marcas de estar maniatados y mostraran que la única forma de sentirse libre era simular que era el muñeco quien movía con las cuerdas los dedos del titiritero, las manos del que presta. Faltó salir y decir que no había elección alguna para que pudiéramos elegir con mayor conocimiento.

Porque ahora ya no sólo crece la deuda, la crisis y el agujero sino también la sensación de estar cayendo. La realidad aprieta a medida que decrece la capacidad de hacerse cargo. Ahora las semanas ahogan con las manos de los días. Asfixian. Ahora el desánimo forma parte del problema y lo empeora. Ahora ya han vencido muchos plazos de dar un tiempo, ahora en muchas partes ya no queda espacio ni para quedarse quieto. Y se llenan las calles de razón a medida que se vacían los gobiernos de significado. Un gobierno  al que no le funciona el timón es como un barco varado. Quien lo saque se lo queda. Y el mundo puja.

Parece que nadie está por la labor, lo razonable está en la cola del paro. Y se aviva la lucha y se encienden las calles, porque se acaba la paciencia cuando llega la sensación de que no se espera nada, de que no llega el cambio y que cada cambio que llega es más de lo mismo. La incapacidad a porrazos contra la razón, la razón incapaz volviéndose violenta. Nos movemos sin itinerario alguno, improvisando los pasos y en círculo, dando vueltas al problema sin querer ver que el problema es querer seguir dándole más vueltas. No hay forma de salir cuando la única preocupación es cómo seguir dentro.



Menos o Mas. Lo mismo. (21-09-2012)


Cuando nadie encuentra  una forma independiente de obtener más es lógico que terminen pidiéndose unos a otros las mejoras. Pero dónde encontrar a quien dé algo en un entorno en el que todos están pidiendo. En el que nadie aparenta tener nada.  Cataluña pide a España, España pide a Europa, Europa se pide a sí misma y entre lo que da y lo que se le debe se vuelve a la vez más pobre y más rica.  Las cosas ya no necesitan tener sentido para que acaben funcionando. Mal claro, pero sin ánimo de querer repararlo y entonces bien, como toca. Al fin y al cabo somos este error en concreto, mantengámoslo pues el máximo tiempo posible en pie; es nuestro sustento.

La crisis aviva todo conflicto dormido y lo despierta con muchos más soñadores peleando por salir de una pesadilla que parece haberse hecho rutina si no sistema. Y vuelve la lucha de colores, las banderas enfrentadas, la gente perdida encontrando la salida en la primera puerta que les abra. Emerge el problema que nunca se atiende, como siempre. Vuelve apropiándose de los síntomas de otro problema mayor y más urgente. Y vuelve como solución para algunos, para poder luchar contra otros y para hablar de la batalla, para silenciar las balas de la verdadera guerra, que van lisiando mientras tanto derechos a una multitud sin preguntar nacionalidades. 

Cuando no hay forma de demostrar la razón lo mejor es tirar de sentimientos. Y la política incapaz de pronosticar con dos minutos de antelación ningún futuro, incapaz de prever las repercusiones de cada decisión, lo adecuado de cada medida, lo oportuno de cada alianza, se ve abocada a los sentimientos. A mover a la gente por lo que sienten, sin darles más razón que una pelea, ni mejor solución que no empeorar el problema. Nadie se atreve contra el monstruo grande, y se inventan viejos monstruos, a los que ya tienen tomada la medida, para salir como héroes a por ellos. Pero al monstruo grande nadie sabe cómo atacarle ni cómo llegar a formar parte, huyen todos pero a la vez sienten admiración por el miedo que provoca, huyen todos pero nadie escapa. Huyen, librando valientes batallas en el aire mientras caen.

Nadie le puede poner precio a los sentimientos pero hay quien sabe el valor que eso tiene y lo maneja. Gente incapaz de gobernar la realidad y que imagina otras más manejables. Venid aquí, he encontrado un árbol bajo el que cobijarnos todos hasta que cese la tormenta. Irresponsables.


Se ¿Sabe? (14-09-2012)


Se sabe que hay corrupción política, que se toman algunas decisiones desde los ayuntamientos únicamente para hacer pasar el dinero de las arcas al bolsillo de  unos cuantos; que detrás de cada político con poder hay una cola de empresarios con una lista de favores, que se los deben, que se los pagan; que hay medios de comunicación que financian una ideología, que la difunden, que la controlan; que a veces basta con elegir el juez para salir inocente, que a veces sobra con escogerlo para encontrar culpables; se sabe que los políticos no contestan que dictan las noticias, que no dicen la verdad, que no la conocen ni les preocupa no hacerlo, que viven de fingir ser capaces propagando su inutilidad.

Se sabe que los bancos no prestan dinero sino que hacen negocios, y que nunca pierden, que esas son las reglas del juego que imponen; se sabe que han ganado millones de generar deudas impagables, que no asumen pérdidas, que nos las trasladan; se sabe que los bancos tienen amigos poderosos, se sabe que esos amigos son ellos mismos, que el capitalismo es una sucursal bancaria, que hay trabajo para todos mientras todo gire en torno al crédito que aviva las ganancias; que el Mercado es una ruleta rusa con francotiradores a saldo, que en la Bolsa está invertido todo el miedo y el engaño, que cuando salta uno el otro lo aplaca, que la información fluctúa en bolsa, y la controlan;  que no les importa la verdad, que invierten en una mentira cíclicamente creíble.

Se sabe que hay guerras que sólo se inician para apropiarse de la riqueza de un subsuelo que levantan a bombazos, que quien tiene petróleo y poder bajo sus pies lo tiene crudo, que vendrán a por él enarbolando la bandera de la paz que acribillan a balazos; que hay una industria de armas que invierte en conflictos para luego colocarse a ambos lados, que sacan de cada disparo neto dinero sucio, que no cesa la ráfaga de su avaricia y van recogiendo los casquillos, su riqueza; que multitud de países invierten millones en defensa a cambio de que no los ataquen económicamente, pagando el precio de estar rendidos en plena guerra; que la paz no es rentable y que hay muchos preocupados en que siga siendo imposible.

Se sabe que la crisis es una manera de volver hacia atrás, de que toda la clase media regrese a la casilla de salida para volver a empezar la misma partida; que el sistema se basa únicamente en creer que hay un camino por recorrer y que ese ha de ser necesariamente el que separa la clase baja de la media, hasta que ésta se colapsa y entonces no queda más remedio que desandar el camino para volver a recorrerlo, como si fuera la realidad un péndulo hipnotizando a una multitud para que no la cambie; que no es que no encuentren solución para la crisis sino que la crisis es la manera, que es el medio por el que consiguen que se mantenga el problema. Se sabe esto y muchas cosas. ¿Pero qué importa conocer la verdad si luego uno se comporta como si se creyera las mentiras?






Vuelven (07-09-2012)


En el primer verano con Rajoy al mando vuelven los incendios con toda su mala suerte, vuelven las llamas a llevarse lo verde. Tal vez por recortar en medidas contra el fuego, puede que por caldear demasiado el ambiente o quién sabe si alguien trata de allanarse el camino a vaya usted a saber dónde, pero el caso es que vuelven con su furia de siempre, implacables, multiplicando el desastre. Y no hay tierra más fértil para la catástrofe que la del desastre; no será raro que de seguir acumulando hectáreas florezca mucho más severo el verdadero problema.

Vuelve septiembre, con sus aulas más llenas que de costumbre, con hijos de padres más pobres, de vuelta de vacaciones más austeras –con suerte-.  Vuelven los libros de texto con todo su inútil peso que fácilmente se aliviaría con el más pequeño de los USB, vuelve el material escolar encarecido; vuelven las mismas clases y con menos profesores y todo un programa para aprender mientras el mundo no hace los deberes, mientras ningún responsable aprende la lección que debería darle no serlo, mientras los políticos nacionales juegan a hacer ver que están al mando de una situación que se les escapa ya no sólo de las manos sino también de los labios y no dicen nada o sólo dicen eso, en cada rueda de prensa, en cada comparecencia en el congreso; vuelven las hojas caídas de un otoño que se anticipa en los preparativos de un invierno del que no se acaba de salir, vuelve, en medio de tanto calor todavía, todo el frío de la incapacidad sacando pecho.

Vuelve el ritmo feroz de las noticias relevantemente fugaces, vuelve la realidad rotativa a prender fuego sobre la ilusión, y arden las ganas y  las fuerzas a fuego lento sin lograr cambiar la realidad más cruda, al punto de los que la devoran;  vuelve el látigo de lo que se decide a golpear sobre el cuerpo más raquítico y numeroso, vuelven a buscar entre los contenedores las llaves de sus yates y entre la miseria de muchos la riqueza suficiente con la que poder sobornar a los remordimientos y la conciencia, riqueza con la que unos pocos logran costearse una injusticia que todavía les es rentable.

Vuelven los eufemismos y se crea un banco malo sin haber logrado encontrar uno bueno, los rescates siguen siendo apoyos financieros y el secuestro de un país sigue llamándose rescate. Vuelve Rajoy a decir que está maniatado pero que sin embargo está seguro de lo que hace. Vuelven las incongruencias, la inutilidad y el silbido alargado para tapar al verbo que no se marcha y arrasa.



Abracadabra (27-07-2012)


La economía cada vez se parece más a un casino. Los pocos que tienen mucho dinero, todavía y siempre, van haciendo sus apuestas, unos contra otros y todos contra el sentido común. Es una guerra de billetes y múltiples estrategias para que sea el otro quien los pierda. España hace tiempo que se quedó sin fichas y ahora forma parte del tablero, se juega sobre ella, al desastre o al remedio, al doble o nada, y de momento siempre se dobla la pobreza. Aquí cada vez hay menos para repartir, aquí cada vez son más las partes. A nadie le importa o nadie lo impide, o nos falta la forma o nos  sobra el conformismo de ‘quien paga manda’. Y sin embargo, paradójicamente, lo que finalmente se decide lo acabamos pagando entre todos, que no mandamos nada.

Lo dicen en las noticias, lo explican por la tele, hacen documentales que lo prueban y denuncian. Todos lo saben: la economía es un juego que adapta las reglas al tramposo más solvente. La economía es un juego, sí, y ésa es la verdadera trampa. El dinero que falta no existe . El dinero que falta no lo necesita quien lo exige. Y  el dinero que sí está no fluye, porque lo colocan detrás de las presas de la codicia, levantadas con leyes y vista gorda para generar precisamente más dinero ficticio, más deuda que nadie paga, pero  a la que todos se deben. Quiero que me debas más miles de millones, dice el Mercado. Quiero que te sometas.

En España la Prima de riesgo no ha dejado de apuntar cada vez más arriba: haz lo que quieras y me disparo, haz lo que te digo y te mato, parece decir. Y sin opción no hay margen de maniobra y sin margen de maniobra no hay quien restaure la ruina.  Todo se derrumba: primero la ilusión, más tarde la forma, luego las maneras, le sigue la clase media, y tras ella caerá la esperanza, que no es más que ilusión en los huesos, soldados de guerra. Todo se cae por el abismo de precipitarse, de seguir las instrucciones de quienes diseñan las trampas, y caemos una y otra vez en todas partes menos en la cuenta. La prima aprieta, ahoga, agarra por el cuello y apunta a la boca: calla. Y no hay discurso que la desarme. Parecía. Porque después sale Mario Draghi dice ‘abracadabra’  y la amenaza se descalabra apuntando cada vez más abajo. La Prima se juega su credibilidad si ningunea la voz que hace magia. Y cede espacio. Pero sólo de momento y sin solucionar nada.

Los mercados no apuntan tan a la cabeza, eso es cierto, pero apuntan a los pies y disparan para que bailemos la coreografía fraudulenta de sus beneficios. La prima baja y la bolsa sube pero España sigue siendo solo una casilla en un tablero y la economía sigue jugándose las vidas de los que viven dentro. No hay camino por donde nos llevan. No hay forma de llegar a ninguna parte andando tan perdidos.






(des)Medidas (20-07-2012)


No hay nada mejor que encontrarse en medio de la situación que obliga a hacer lo que uno quiere. Eso deben pensar en el gobierno, que tras anunciar alegremente cada medida no hacen otra cosa que excusarse con que las circunstancias mandan y que ellos tan sólo las obedecen. Valiente forma de gobernar. Y es cierto que la realidad se ha vestido de gris, que todo pinta mal y sin colores, que no hay mucho margen de maniobra y que cada dedo que se mueve tiene devorada la uña en contraposición con las pocas manos ofreciendo ayuda, que se las dejan muy largas. Avaricia. Pero no es cierto que sólo haya una manera de afrontar la situación, ni siquiera es verdad que sólo haya un método para una misma forma. No hay nada más que mirar alrededor. Sí. Falta dinero y se ha de recortar en gastos mientras no haya mejores ingresos. Eso nadie lo niega. El problema es que dependiendo de qué incluyas en esa lista de gastos puedes reducir y retrasar todavía más el aumento de los escasos ingresos, que es el verdadero problema. Es el pez que se muerde la cola. Son los matices los que cambian las cosas; o por lo que no cambian.

Nada nuevo. Y así tras un portazo viene el siguiente. Una a una se van cerrando cada vez más puertas hacia la salida mientras la irresponsabilidad entra a patadas en todas las casas con facturas pendientes, vaciándolas primero de pertenencias y más tarde de sus dueños. La fortuna de unos pocos financiando la mala suerte del resto, programándola y ejecutándola a control remoto, tras la más simple sinapsis: quiero más. Son las cifras las que marcan el ritmo impar del egoísmo que se ha apropiado del sentido común propagando vergüenza ajena e indignación por todas partes. Pero las calles están amordazadas de repercusión. Y sólo se oyen los ladridos de los que vigilan que todo siga igual, empeorándose en el mejor de los casos, que todo siga así, manteniendo las grandes riquezas aun a costa de superpoblar la pobreza. La microeconomía grita ayuda cada vez más numerosa. La macroeconomía es sorda de multitudes y manca de tender la mano.

Se puede hacer mejor de otra manera, incluso se podría hacer mejor de la misma forma. Lo que parece realmente difícil es imaginar cómo empeorarlo, hacerlo peor se me antoja imposible. Y es que nunca se había perdido tanto en tan poco tiempo, al menos tan absolutamente para nada y sin guerra de por medio. Los resultados de cada medida se materializan sólo en tener que realizar una todavía peor que la haga buena retroactivamente. A cada paso estábamos mejor en el de antes. Y no hay voluntad de dejar el camino. Lo irrenunciable se va quedando en la cuneta sobrevolando el abismo de no querer darse cuenta.  Y no es que no haya solución es que para algunos no hay problema.