viernes, 25 de noviembre de 2011

Ingobernable realidad (Publicado 24-11-2011)


Hay una frase que no se puede sacar de la cabeza. Desde el domingo, se le repite una y otra vez, autónomamente resuena en sus pensamientos, por sí sola, como un estribillo pegadizo, o un remordimiento.

No le falta distracción, tiene el teléfono cargado de mensajes, el buzón de correo lleno de mails, el twitter repleto de participación y felicitaciones. Además, no para de hablar por teléfono; le llaman sus amigos, sus compañeros, su familia, le llaman empresarios y gobernantes vecinos y lejanos, le llama todo el mundo y con respeto. Pero nada, la frase sigue ahí martilleando, apareciendo a cada rato. Y cuando se cruza con alguien o recibe una visita y comprueba que ya no le miran igual, y le hablan de forma distinta -más distante aunque con tono de aproximación- vuelve de nuevo a acordarse.

Ahora él representa el Poder, ahora es él la imagen de quien manda en España. Llevaba muchos años intentándolo, de forma persistente, casi obstinada, queriendo conseguir lo que ahora tiene, pero esa frase que no deja de repetirse en su cabeza desde que ganó claramente las elecciones, no le deja disfrutar como debería del momento, le golpea la conciencia. Le hace tenerla.

Ha intentado quitársela de encima pensando sólo en el futuro, en lo que hay que hacer, y no ha dejado de imaginar cómo convertir en hechos sus vaticinios, en cómo materializar su poder y poner a prueba su eficacia, demostrar todo el tiempo perdido sin él.  A veces coge su programa, se lo lee y relee, lo entiende y no lo entiende, le anima y le deprime, le convence y le deja lleno de dudas y piensa: “insidias, insidias” . Y vuelve de nuevo la frase y otra vez la amordaza. La dice pero no la oye, se repite y como si no la hubiera oído, y otra vez la piensa y luego en seguida la olvida y vuelta a empezar y así no logra deshacerse de ella ni evitar pensar lo que le recuerda: que él tampoco tiene la solución; que no hay nada que hacer más que dejarse llevar y  simular seguridad mientras se cruzan los dedos; que no hay forma de solucionar localmente una crisis global; que ningún gobierno ha dado la talla con ninguna medida porque a todos les viene grande el problema; que nadie sabe cómo salir y que todo se está convirtiendo en un “sálvese quien pueda” ; que no hay más opción que distraer con problemas inventados, con más circo; que apenas queda crédito para financiar la ficción que interpreta Europa y que se desgajan los miembros tras exprimirlos; que el siguiente puede ser España y que no importa lo que se haga en un escenario sin margen de maniobra.

“Cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad” esa es la frase que escucha a cada rato y con la que entra intermitentemente en la soledad que implica ser el capitán de un barco que tiene el timón pintado.
 No le queda otra que golpear la quilla, señalar que el barco se parte en dos, y proclamarse astillero. Tal vez, entretanto, la deriva nos lleve a puerto.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Votos (Publicado 17-11-2011)


Se puede votar a un partido grande y que pierda o que gane, o se puede votar a un partido pequeño aunque nunca gane nada más allá de alguna sorpresa; se puede votar a un partido que lleve en su programa medidas improbables o propuestas imposibles; también se puede votar sin leer el programa de ningún otro partido ni siquiera el del que escoja, y elegirlo por lo tanto al azar o por intuición o capricho; o se puede votar a un candidato aún estando en contra de su programa, de sus discursos o incluso de su ideología, se puede contra votar, esto es, aplicar el voto de castigo y votar al contrario, al que siempre ha detestado, o ha criticado, al enemigo; se puede votar en blanco o votar mal y que salga nulo, por votar puede crear un partido y votarse a sí mismo.
También es posible votar a un partido creyendo en sus propuestas y por lo tanto habiéndoselas leído, es decir, se puede votar convencido de haber interpretado correctamente cada ambigüedad y desarrollado para sí pero con exactitud toda vaguedad y cada discurso; o se puede votar a un candidato porque  patalea mejor o por cómo protesta o por sus críticas al otro o a los demás; se puede votar al que mejor pelea o a un mal menor o al que represente un cambio seguro, sí o sí, cuando uno piensa que peor es imposible.
Se puede votar a un mismo partido siempre, grande o pequeño; se puede votar con fidelidad o devoción sin valorar los intereses particulares que uno mismo tenga, o precisamente por ellos o contra ellos, se puede votar a un partido que le ha decepcionado como oposición o como gobierno o como tercero en discordia (por no haberla), se puede votar a un partido en el que ya no se confía o a uno del que no se fía ni ahora ni antes; también se puede votar con los ojos cerrados, de memoria, sin la más mínima duda, se puede votar a coro o coordinado, impulsado por unos y arrastrando a otros.
Se puede votar a una ideología aunque nunca se materialice y volver a votarla insistentemente sin condicionales ni reproches o puede votar a otra y precisamente por cómo se pone en práctica y convencido de que funciona o marchará bien en general, o al menos para uno mismo. 

El 20-N cada uno votará a su manera: convencido, con devoción, resignado, castigando, con fidelidad, acompañado o acompañando, con fervor, con rabia o con orgullo, con hastío, mecánicamente, con remordimiento, a rebufo, con esperanza o desesperanzado, votará con alegría o cierta pena, mirando al pasado, al presente o al futuro inmediato, votará como sea, a su manera, con sus matices, o no yendo y en silencio. Todas las opciones están disponibles menos una: ya no hay forma de votar con ilusión. Escoja la suya.


jueves, 17 de noviembre de 2011

Debate para devotos (Publicado 10-11-2011)


Mucho antes del debate, Rubalcaba ya sabía que no sería entre iguales. Era y es consciente de su clara desventaja, del papel que le tocará tras las elecciones y lo dejó muy claro el lunes: oponiéndose y criticando. Y es que no ha habido, desde las segundas elecciones que ganó el PP, una victoria tan rotundamente clara, una decantación tan evidente hacia uno de los dos mayoritarios partidos entre los votantes. Una victoria por todos conocida desde mucho antes que la fecha en la que se iba a llevar a cabo.

No, esto no son unas elecciones puramente dichas, sino más bien un traspaso de testigo, un relevo de gobierno. Y todo lo que se decidirá con los votos son las condiciones, los márgenes de maniobra, la capacidad de independencia que tendrá Rajoy, sólo eso, aunque no es poca cosa. Para Rubalcaba, al menos, es lo único a lo que agarrarse, su única lucha o aspiración es minimizar la derrota y ver cuánto consigue no perder. Y a eso fue el lunes al debate, con esa idea o bajo esa perspectiva, rendido ante la evidencia pero luchando contra el desánimo. Intentó doblegar a un rocoso adversario señalando, y tal vez abriendo alguna grieta,  la premeditada ambigüedad del programa electoral del PP. 

Pero Rajoy ni se inmutó. El también sabía que el debate no iba a ser de tú a tú. Era y es conocedor de su clara ventaja, del papel que ejercerá tras las elecciones y lo dejó meridianamente claro el lunes en el debate. Rajoy se sabe presidente, se siente presidente y habló como un presidente: sin aclarar absolutamente nada. Rajoy estuvo ensayando su inmunidad ante el discurso de la oposición y nada le desvió de su guión, lo siguió a rajatabla, palabra por palabra sin apartar la mirada de los papeles, interpretando el suyo.

Tras el debate llegaron las portadas con las primeras encuestas de quién había salido vencedor y quién vencido. Unas diciendo que Rajoy claramente, otras lo mismo pero que por poco, algunos que Rubalcaba pero con estrecho margen y otras que Rubalcaba por bastante. Pero la realidad es que no pudo ganar ninguno porque no hubo debate. Alfredo Pérez Rubalcaba fue a otra cosa y Mariano Rajoy bien podría no haber ido.

No hubo argumentación ni contra argumentación, no se contrastaron las ideas, ni los proyectos, no se detallaron soluciones, ni medidas, todo se hizo con titulares, sin noticia. Y sobre todo desoyendo al otro. Fue una mera exposición de opiniones confrontadas sin intención alguna de demostrar cuál de las dos era la más acertada. Si en un debate no se juega la razón a las palabras no hay manera de ganarlo ni de perderlo. Se podrá ganar o perder imagen, apoyo, votos, pero el debate, la disputa de la razón, se queda fuera del alcance.





Tierra de eufemismos (Publicado 27-10-2011)

Obama anunció la semana pasada el final de la guerra en Irak. Confirmando, otra vez, que las guerras últimamente terminan demasiadas veces para empezar sólo una. Primero acaba y pasa a llamarse violencia en las calles,  luego termina y se convierte en instauración armada de la paz, vuelve a acabar y se llama mantenimiento del orden , que luego desemboca de nuevo en un aparentemente definitivo traspaso de poderes y regreso de tropas.

Pero ni siquiera ahí se encuentra el verdadero final de la guerra. Todo el mundo lo sabe: las guerras continúan hasta que se dispara la última bala, hasta que se descargan las ganas de empuñar un arma contra el otro; hasta que ya no hay otro contra quien dispararlas. Cambiar de escenario no es finalizar la guerra. La misma guerra de Irak sigue todavía en pie, ahora localizada en otro lugar, eso sí, ahora más directamente enfocada en Irán.

Pero es que Occidente tiene una moral y un motor que entran continuamente en conflicto y no ha encontrado otra forma de seguir avanzando que describir el mundo mediante eufemismos. Para no herir sensibilidades, para no entrar en conflicto ético, aquí todo muta de nombre si es necesario y sale rentable. Hay infinidad de ejemplos, estamos rodeados de ellos, vivimos de creérnoslos.

Tercer Mundo es una forma pasiva de referirse al Primer Problema. La pobreza toma el protagonismo cuando el problema son las extremadas riquezas.

Se habla de crisis y de falta de dinero, pero no falta dinero, falta un sistema que reparta mejor la circulación del que existe, que no lo sobreexplote, que no vaya creando capas y capas de abstracción financiera para generar riquezas fugaces y breve contento a avaricias insaciables.

Se habla de corrupción política pero cuando las leyes permiten una y otra vez que se repitan los casos, cuando no nos blindamos contra ella, no es corrupción sino mafia, el problema está dentro, estructurando al sistema.

Los grandes enemigos del mundo, cuanto más malos son más crudo lo tienen, parece decirnos la actualidad, pero la realidad es que cuanto más crudo tienen más malos son: si tienen toneladas de petróleo bajo sus pies siempre acabarán con éstos por delante y siempre con las manos limpias los que privadamente lo aplauden.

Y es que la verdad que interpreta el papel de occidente en el mundo, la verdad más fiel, tal como viene, no es digerible para el aparato digestivo de una moral que se siente por encima o en todo caso privilegiada por saberse igual y por eso rompemos  el espejo de la realidad con las palabras y la recomponemos luego recogiendo los trozos por la parte que no cortan.

De cambios y catástrofes (Publicado 20-10-2011)

El 15O es un identidad multitudinaria, cargada sin lugar a dudas de razón, indignación y de buenas intenciones. Y con eso ha salido y ha llenado las calles de medio mundo diciendo basta, pidiendo responsabilidades y alternativas. Lo ha dicho en diferentes idiomas a través de infinidad de voces , con miles de lemas, de mil  maneras.  Tratando de despertar al mundo, de sacarlo de un sueño capitalista que terminó en avaricia; en pesadilla: la que se está viviendo. El movimiento empuja, trata de zarandear al mundo, sacarlo de su burbuja, empuja desde todas partes, convencidos y con ganas.  ¿Pero hacia dónde? “hacia fuera” “hacia la salida” . No es suficiente: no hay cambio sin recambio.

Sin embargo todo el mundo empieza ya a darse cuenta de que esta crisis durará lo que se alargue el sistema; lo que se tarde en reestructurarlo, en establecer otras reglas que impidan que la codicia colapse de nuevo al sistema y tan pronto. Ahora ya son muy pocos los que lo dudan, y hasta los más ricos empiezan –muy tímidamente- a hacer algún gesto, a soltar alguna palabra en esa línea, a estar dispuestos, en fin, a vaciarse un poco los bolsillos y descargar con eso al sistema de ese lastre. Hay dinero para salir de la crisis, eso también se sabe, pero falta predisposición para asimilar pérdidas y condonar deudas. Y como los bancos no mueven pieza, amparados en una legalidad indiscutible pero ya ilegítima,  los gobiernos, sin otras vías, empiezan a denunciarlos por motivos menos graves aunque imputables. Pero los bancos se conforman y sonríen si les espera la misma suerte que a Al Capone.

Mientras tanto el 15O seguirá mutando de nombre y convocando otras fechas para manifestarse y hacer sonar la protesta otra vez, repetidamente, contra tanto despropósito; contra tanta medida sin sentido o para nada; contra esta forma tan inútil de no hacer nada ante tanta miseria repartida: tantas familias sin futuro, tanto futuro sin familias; contra esos sueldos sin techo que han dejado sin casa a tanta gente; contra esos alquileres tan caros mal llamados hipotecas; contra este sistema que sigue impasible, como si nada, tras haber puesto a tantos el agua al cuello por poner el mundo a los pies de unos pocos. Contra esta agricultura económica que no ha encontrado otra fórmula de cosechar ricos que sembrando pobres.

Luego, cada día siguiente al de una nueva manifestación, el mundo será otra vez mordaza en la indignación de tantas bocas. Y no habrá pasado nada. O se contará otra cosa. Y así cíclicamente. Hasta que el movimiento salga de su paradoja: si no es pacífico no es 15O pero si no cambia el mundo tampoco.

 No hay cambio sin recambio, es cierto, pero si no llega a tiempo ninguno y la crisis  sigue apretando selectivamente a una masa tan poblada, puede llegar una catástrofe y tomar el relevo.

A veces se puede (Publicado 13-10-2011)

A veces es mejor marchar hacia adelante sin más, dejar atrás el pasado, cerrar la puerta por donde todavía se cuela sin demasiado esfuerzo como por rutina, cerrarla pero sin dar portazo, sigilosamente, sin despertar a la nostalgia o a las pocas fuerzas; a veces es mejor caminar porque sí y sin camino aparente, hacia ninguna parte: sólo adelante aunque sea solo, sin nadie, y todo lo que uno creía ser quede tras esa puerta que al fin cerramos para liberarnos de un pasado que no se mueve ni lleva a ningún lugar y por el que ya se lleva demasiado tiempo dando vueltas en espiral hacia una nada infinita.

A veces es mejor no hacer recuento de lo que se ha perdido, de lo que ya no se tiene, ni cuestionarse si en verdad se tuvo, y si acaso no fue todo un sueño y ahora un lugar donde quedarse dormido hasta la noche desde que empieza el día; a veces es mejor pensar que la memoria nos traiciona para poder traicionarla a ella  y clavarle olvido por la espalda y luego dársela y no volver a mirar a atrás; el vacío susurra, seduce y convierte en piedra: tiene en su cabeza serpientes en trenza.

A veces el espacio colapsa y se hace sólido y nada tiembla ni se mueve, y el tiempo pasa de largo y deja de lado a esos mundos aparte, colgados de destiempo, de ensueño, de nostalgia o expectativas ya imposibles; a veces todo alrededor es tan denso que aprieta y reduce y deja sin aire; a veces hay que marcharse, sin más, porque quedarse dentro es estar en ningún sitio y a solas, a veces no cabe en el mundo más que la palabra  con la que desaparece: adiós.

Se puede sin embargo jugar a que nada termina nunca si uno no quiere, se puede jugar a estirar una realidad ya impracticable y simular que todavía es posible vivir en ella; se puede, en fin, negar la realidad, perderle todo respeto y acatar ilusiones muertas, quedarnos encallados dentro de formas ya incapaces, seguir con modelos rotos, convencernos de que sigue en pie un sistema en quiebra y hacer ver que los pedazos que van cayendo no son más que piezas de un puzzle que ya iremos resolviendo; no hoy, claro, si acaso nunca, deje ese trozo ahí que ya lo examinaremos. Se puede seguir un año más o los que se quieran, haciendo ver que nada pasa, que no es necesario cambiar nada, que todo está en pie, que bastan unos retoques, pero bueno, poca cosa, y que luego todo bien e igual como siempre.

Se puede seguir así, de guerra en guerra, hasta agotar todo el petróleo.



15M+20N=0 (Publicado 06-10-2011)


Pocas propuestas, casi ninguna medida, ni una promesa, escasos enfrentamientos o acusaciones recíprocas, no se escuchan insultos, ni prácticamente discuten, aquí nadie levanta la voz: tanto silencio chirría.

Falta poco más de mes y medio para las elecciones y, contrariamente a lo que venía sucediendo, lo cierto es que todavía no se respira en un ambiente pre-electoral demasiado cargado. Uno diría que, desde el punto de vista de los políticos, ya se han celebrado las elecciones. Eso parece. Y también que ninguno de los dos grandes partidos está cómodo con el papel que le ha tocado. Rubalcaba ya habla con cierto tono de oposición –ensayando- y Rajoy lo poco que dice lo hace con la solemnidad de un presidente –envenenado-. Los jefes de los dos grandes partidos, no imaginan sorpresas tras el 20N y por lo visto se han olvidado de las elecciones.

La situación global y la despreocupación local han nutrido de razones a los indignados que ya empiezan a hablar distintos idiomas.  El movimiento 15M sigue queriendo empujar y aprovechar la inercia internacional, por lo que convoca para el 15 de octubre -15O-  más de lo mismo.

En un piso pequeño, en una ciudad cualquiera, dos jóvenes comparten piso y gastos: Diego y Pedro. Ahora mismo están cada uno en su respectiva habitación, conectados a Internet, en sus cuentas de twitter, comunicándose con otros muchos miles de jóvenes, intercambiándose consignas, “tuits” y “retuits”, mensajes de convocatoria, algo de euforia y también ensueño, se reparten la incomprensión unos a otros e intentan aliviarla, también la soledad, buscan ideas, alternativas, pero de momento sólo encuentran protestas y críticas. Quieren cambiar el mundo. Pero lo saben. No se puede cambiar el mundo con una lista de errores. Pataleando. Y siguen buscando con los dedos sobre el teclado que alguien dé al fin con la tecla, aunque sea por azar, y lo anuncie, que alguien encuentre la forma de cambiar el mundo, de orientarlo hacia el sentido común, gobernado con inteligencia, dejar, en fin, sin escaños a la avaricia; que alguien encuentre la palabra para que ellos puedan luego poner toda su masa en el verbo.

Uno de los jóvenes, Diego, escribe en su twitter:

@Die_go  El voto: manga ancha. La política: ausente o corrupta. La democracia: un eufemismo de fracaso. #razones15O

Y el otro, Pedro, al minuto responde.

@die_go, @PedhroS Cómo vencer al enemigo cuando tú formas parte de sus tropas, cómo vencerse a uno mismo sin caer derrotado.

No encuentra respuesta. Ni la espera. También él -como los políticos- se ha olvidado de las elecciones y de las convocatorias. Escribe en su twitter por última vez hoy.

@PedhroS 15M + 20N= 0

Apaga el ordenador y se acuesta en la cama.

Julio, Elena y septiembre (Publicado 28-09-2011)

A las diez y media de la mañana Julio y su mujer están en casa, es jueves, pero ninguno de los dos trabaja. Ella lleva en paro casi un año, él desde principios de septiembre. Julio está leyendo el periódico, busca trabajo ahí todos los días, también por internet, pero apenas hay nada y cuando cree encontrar algo interesante y consigue una entrevista, el interés resulta no ser recíproco; y nada,  que suerte, ánimo y tal vez la próxima. Demasiados parados disputándose las mismas vacantes. El mercado laboral ahora mismo se parece a aquel juego de las sillas musicales, eso sí, escasean las sillas, la melodía es tosca y de una tacada se quedan millones en pie. Los que se sientan sólo tienen mejor suerte, pero no buena, a los asientos les suelen faltar patas (no encontraron otra forma de multiplicar las sillas que dividiéndolas) y uno está sentado sí, pero en un desequilibrio insistente, y a cada poco vuelve a sonar la música y tal vez entonces cambie a peor, la suerte.

Julio sigue leyendo el periódico, sentado, pero en su sofá. Su mujer está en la cocina preparándose un café, la llama, y ella oye su nombre.

-Elena.

Pero no hace demasiado caso y sigue a lo suyo, el agua todavía no hierve y ahora mismo no le importa otra cosa. Su marido insiste.

-¡Elena! Mira, ven, fíjate en lo que pone aquí.

La cafetera empieza a rugir, el agua empuja el café hacia arriba y lo asimila, el aroma que sube todavía más arriba, intenso, se convierte casi en un primer sorbo y lo disfruta sosegada, Elena cuenta hasta once mental y lentamente, apaga entonces el fuego y se sirve una taza, la coge y con ella llega hasta el salón desde donde le llamaba su marido. Se sienta en otro sofá frente a él, le mira pero como si no lo viera delante, atravesándole, y sin preguntarle qué quería es ella la que dice.

- Mira Julio, llevo pensando mucho tiempo en esto. No es un arrebato y no quiero discutirlo. Yo ya he decidido. Quiero dejarlo, o más claramente: lo dejo. Siento decírtelo así, tan de pronto y secamente, pero qué quieres que te diga, no vamos a ningún sitio, son once años ya , once años Julio, ¿y qué tenemos? ¿qué compartimos? Una hipoteca, el coche y el paro, sí y nada más. ¿Dónde están nuestros hijos? Siempre lo dejamos para luego: cuando nos iba bien para que no nos fuera mal y ahora que nos va fatal para cuando nos vaya mejor. ¿Y cuándo nos va a ir bien? Dime, o mejor, no digas que ya no importa. Yo ya estoy cansada de esperar, o peor todavía ahora sé que no puedo esperar nada. Ya veremos cómo lo hacemos, pero lo siento: se acabó el verano y terminó lo nuestro.

Las palabras de su mujer fueron autosuficientes y Julio se quedó sin nada que decir. Qué se puede añadir a un adiós imperativo, incontestable. Deja el periódico abierto sobre la mesita, se levanta del sofá y se acerca hasta ella, le da un beso en la mejilla. Luego le dice que la entiende, que no se preocupara por él, que ya volvería a por sus cosas. Sale por la puerta.

Elena coge el periódico y esto es lo primero que lee: Los divorcios vuelven a aumentar tras la  bajada que sufrieron por la crisis.   

Realidades geográficas (Publicado 21-09-2011)


En algún lugar un hombre muere asesinado en plena guerra por negociar la paz: nada nuevo, bajo su turbante un suicida escondía el arma asesina, sólo Dios pudo convencerle de que la muerte del otro bien merecía la suya y salieron los dos por los aires, despedidos de la vida. En la otra punta del mundo un presidente ve dinamitada así su estrategia, otro problema más que añadir a una lista ya imposible, el mundo le ha pillado con el paso cambiado, venía para abrir una era; “Yes, we can”, para romper anacronismos, para fortalecer la palabra con los hechos, pero la realidad ha podido con él y se sabe incapaz y se le nota. Ya nadie le ve igual que al principio, “No. You don’t” se puede leer ahora en casi todas las miradas.

A otros tantos kilómetros, el antiguo amo y señor de todo un país se esconde en algún refugio preparando no se sabe si una venganza o la jubilación, el hombre, que envejeció en su cargo,  todavía no comprende bien como pasaron los aliados de ofrecerle la mano en cualquier parte a levantársela amenazante hasta su escondrijo,  tampoco entiende que de su pueblo le salieran tantos enemigos; creía que los había matado a casi todos; no se dio cuenta que a cada muerte los incrementaba y que a la vez los volvía cautelosos, incontables. Desaparecido el enemigo común, escondido, los objetivos del pueblo se bifurcan, se ramifican entroncados en distintos matices, y los que luchaban juntos deciden pelearse entre ellos. El vacío de poder en el país llena de violencia sus calles. Mientras, los aliados se felicitan a sí mismos por el trabajo bien hecho y ahora se reparten la gestión del desastre y del petróleo. Hay para todos. 

Cerca de un sitio y de otro, la pobreza abunda, acosa el hambre y las enfermedades ceban a la industria farmacéutica y a la muerte; poblados que se dedicaban a la agricultura ahora escarban las montañas buscando minerales que sin aparentar valor alguno se defienden, sin embargo, matando, a tiros, por parte de las milicias que custodian las minas y organizan el trabajo a punta de pistola y a ritmo de amenazas. Y es que necesitan extraer lo máximo posible en el mínimo tiempo, sin importar cómo -principio capitalista bien implantado-, luego se lo venden a occidente que lo compra demasiado barato: pues todo el dinero que paga acaba convertido en nuevas armas y más municiones (se retroalimentan las guerrillas), que ellos mismos venden, con otras manos sí, pero el caso es que el dinero vuelve a “casa” junto al mineral. Nadie sabe por qué no se interviene nunca en tierras como ésta, o peor aún, todo el mundo sabe por qué, pero no importa. Negocio redondo ¿para qué mayor esfuerzo que el de ponerse las manos sobre la cabeza?.

Aquí y allá y en todas partes la crisis sigue ardiendo y todo el mundo quiere escaparse de la quema, algunos echando a otros a la hoguera, otros añadiendo leña, el incendio avanza y el calor aprieta. No hay ideas. O no se oyen. El sistema no está estructurado para escucharlas porque lo deconstruiría. Y nadie combate el fuego, todo lo más, se le hace competencia, y lo que no ha ardido ya algunos deciden quemarlo por su cuenta, bomberos que talan el bosque para que no se queme, bomberos incapaces, por no decir idiotas, que no buscan agua ni forma de acabar con el incendio, porque no lo asumen, no se quieren hacer responsables de tan cuantiosas pérdidas: las riquezas no renuncian y el sistema se resiste y entretanto, aumentan la bancarrota y las cenizas.

La enseñanza que no aprende (Publicado 14-09-2011)


Las familias acaban el verano descompensadas; los niños vuelven al colegio con la cartera a sus espaldas llena y pesada, y la del bolsillo de sus padres termina vacía y ligera. Algunos  profesores comienzan el curso sin hacer clase porque presumen que terminaran el año haciendo demasiadas.  Otros ni lo empiezan ni lo empezarán. En fin, otra versión de la historia de siempre. Se habla de la educación, se discute, modifica o reforma, pero nada cambia.

En una casa cualquiera un niño mira a su padre “papá, en una memoria USB cabe toda la información que acumularé en la escuela, y podría añadir la de la carrera que luego hiciese y las de todos de mis amigos sin mayor problema, entonces, aclárame, ¿por qué todavía usamos libros de texto, que pesan tanto y ocupan demasiado, por qué no en todo caso se usan como apoyo, en casa siempre o en la escuela, y no como carga de un sitio para el otro?” el padre capta en la mirada de su hijo su misma incomprensión, se encoge de hombros, tira de la punta de sus labios hacia abajo y le devuelve la mirada como diciendo “ parece ser que en este mundo mandan más las editoriales que la lógica y éstas van a lo suyo, siguen haciendo su agosto en septiembre” y sin nada más que poder decir agarra la mochila y decide llevarla él, no le liberará de la tontería pero al menos decide quitarle peso.

En una escuela, mientras el profesor dibujaba a tiza en la pizarra un cuadrado, que le quedó algo redondo, al lado de un rectángulo de trazo ciertamente tembloroso, un niño escribía a boli sobre su libro de matemáticas,  el profesor se gira y apuntando a sus peculiares figuras pregunta al niño que ve distraído y escribiendo en el libro “ a ver tú, , dime, ¿En que se diferencian estas dos formas?” el niño  aludido en ese sin nombre, levanta la mirada y tras un breve análisis a lo dibujado en la pizarra responde “en que en uno quiso hacer un rectángulo y en el otro un cuadrado”. Suena la campana del patio, se terminó la clase. En el recreo, decenas de niños, juegan o navegan con sus móviles, algunos buscan en Google la solución a dudas que le quedaron en las aulas, otros ahondan información con Wikipedia, se mandan mensajes cifrados, hacen videos y los editan, fotos y las modifican, también aprovechan para acceder a sus cuentas de twenti, twitter y Facebook, se ponen al día, o más bien al minuto, alguna pelota corre por el suelo y algún niño va detrás de ella, otro par se persiguen mutuamente pero sin dejarse atrapar. El profesor mira desconsolado desde una de las ventanas de la clase que da al patio, tiene sobre sus manos el libro en el que antes escribía el niño, abierto por la página escrita, ya lo ha leído, y ponía esto:

 “El maestro vestido de dinosaurio enseña a las pequeñas liebres a ponerse el disfraz de tortuga y juntos pastaban las horas en el acuario-museo.”




El óbolo de los ricos (Publicado 08-09-2011)


Warren Buffet, comprometido filántropo y hombre desorbitadamente rico –valga la eventual incoherencia-  escribió, semanas atrás, una carta titulada “Dejad de mimar a los ricos”. En dicha carta, publicada en el New York Times, Warren quiso dejar un recado al gobierno de EEUU:  pedía que arreglaran el absurdo y vigente sistema fiscal en el que los ricos acaban pagando proporcionalmente menos que el resto de trabajadores, según se dispuso a comprobar él mismo: Lo que pagué fue sólo un 17,4% de mis ingresos gravables, y ese es un porcentaje realmente más bajo del que pagó cualquiera de las otras 20 personas en nuestro despacho. Su carga fiscal varió del 33% al 41% y de media fue del 36%". –sentenció-. Sin embargo Warren Buffet por ser extraordinariamente rico no es un rico cualquiera, y teniendo en cuenta además su faceta filantrópica -aunque aplazada-, y por lo tanto el presunto destino de su riqueza cuando muera (que según adelantó el propio Buffet iría a parar en un 99% a fines humanitarios) no resultó demasiado extraño el discurso de su escrito, por lo que nadie ha visto, ni ha querido ver en sus palabras, intereses ocultos, ni una cínica o enrevesada estrategia para conservar su riqueza o aumentar privilegios.

Pero muy pocos días después un pequeño grupo de grandes millonarios franceses pedía al ejecutivo de Sarkozy -en una aparente misma línea- , que se les aplicara un impuesto especial para contribuir a salir de la crisis y esto sí resultó extraño, cuanto menos sorprendente, y no sólo porque a ninguno de los integrantes de ese grupo se le conociera hasta la fecha faceta filantrópica alguna, o porque su comunicado fuera todavía más lejos que el de Warren Buffet, y ya naciera con una propuesta concreta “un impuesto especial”, sino también por la inmediata respuesta de Sarkozy: tan sólo un día después François Fillon, anunciaba una medida excepcional y así “el impuesto especial” sugerido por los ricos franceses 24 horas atrás se convirtió de pronto en realidad. Pero no terminó ahí lo extraño o sorprendente del asunto pues poco tiempo después, un grupo alemán todavía más numeroso que el de los franceses e igualmente ricos, sugería lo mismo a su manera.

Hay quien piensa que los ricos franceses y alemanes, seguramente abducidos por la clarividencia de Warren Buffet, simplemente han tomado conciencia y han llegado a considerarse parte del problema y que por lo tanto ya no pueden evitar poner su porción de solución y de ahí el comunicado y por eso la propuesta; algunos todavía más generosos no ven más que altruismo en todo esto; otros, los más escépticos, lo que entreven es un intento conjunto y fallido, por parte de Merkel y Sarkozy, de provocar un efecto dominó que llevara la iniciativa (y la recaudación) por toda Europa, aunque en otros países, como en España, la noticia sólo logró abrir debate y ningún rico ha dado un paso adelante, ya se sabe.  Pero lo que en verdad parece toda esta historia es una pantomima. Uno diría que los millonarios han encontrado una forma falsamente heroica de salir airosos, vestidos de “Robin Hood” han transformando en solidaridad  un mal menor que además será breve, pues se sabe que la recaudación a los ricos es puntual (la única medida “anticrisis” que nace con fecha de caducidad: 2013 ) y que además se englobará dentro de un paquete junto a otras medidas –no se sabe si caducas- que no afectarán sólo a los más ricos,  y , en fin, que es algo así como apuntar al tigre y matar mil ciervos.

Medidas que no dan la talla (Publicado 01-09-2011)


Todavía habrá quien piense que la crisis brotó de la entroncada ingenuidad de Zapatero (ingenuidad de la que por otro lado ya nadie duda, tal vez ni siquiera él sea tan ingenuo como para eso) de igual manera que aún habrá quien crea que Rajoy tiene la forma –o fórmula- de salir de ella (me refiero a salir de la crisis no de la ingenuidad de Zapatero) y que por lo tanto la ha estado guardando en secreto durante tres años, macerándola, para ponerla, eso sí, a disposición de España y el mundo entero una vez salga elegido presidente, presumible y presumidamente, en las próximas elecciones generales del 20-N. Veremos.

Sin embargo, no es necesario ser demasiado perspicaz para saber que ni una cosa ni la otra son puramente ciertas, y que probablemente Zapatero esté tan lejos de haber provocado la crisis como lo ha estado, durante todo este tiempo, de poder resolverla, paliar los daños, o de vaticinar acertadamente ningún progreso al respecto,  y que esa misma distancia será la que también separará a Rajoy –en caso de ser investido presidente-  de cualquier solución que no haga aguas y que precisamente por ese motivo no se percibe ninguna expectación internacional, ni especial interés fuera de nuestras fronteras, en el probable cambio de partido en el gobierno o en el asegurado cambio de presidente de España.

Recuerdo que esta crisis al empezar parecía un charco; no es fácil olvidar cómo Zapatero chapoteaba en la incipiente crisis -se diría que grotescamente feliz- para intentar desviar la atención o el agua, quién sabe, pero el caso es que no conseguía más efecto que ninguno; tampoco es fácil olvidar cómo el PP no hizo ni eso, ni nada, ni cómo cambió el verbo por la palabra, la mano de auxilio por el dedo que acusa y bueno, el charco continuó creciendo luego como río empeñado en erosionar a un rocoso capitalismo que entretanto no ha dejado de levantar presas de barro, obstinadamente en vano, por lo que la crisis sin ningún impedimento real ha proseguido su curso  río abajo y acelerada, tal vez camino de llegar a ser océano y anegar al mundo conocido, esto es, peinado a la forma occidental, con la raya hacia un capitalismo autoritario, en donde a todo se la ha podido asociar un precio, en donde manda el dinero y manda lo que quiera, venga de donde venga, mientras se pague o se deba la cantidad acordada.

Ahora que acaba agosto y empieza la nueva temporada política, por supuesto centrada en la crisis, aparecen de nuevo proyectos de nuevos diques, que pretenden ser algo más consistentes que los de barro pero que a la larga resultarán igual de inútiles. Y es que no es posible solucionar algo con respuestas que no abordan el verdadero problema, todo lo más que se puede hacer así es ir gestionándolo (que es lo que se lleva haciendo ahora: las medidas anunciadas como anticrisis son en la práctica y en realidad procrisis) , es decir que nos limitan a  pervivir mientras dure.

Si la crisis parece haber puesto al capitalismo frente a un espejo para subrayar y hacerle ver que es insolvente, incapaz de costearse la visión del mundo que nos vende, ¿Cómo va a salir al paso e indemne con unos simples retoques, que para colmo dan aliento al verdadero problema y lo inflan? Que no es otro que el inexistente tope a las riquezas: un sistema económico sin techo lo que irá poblando a la larga es el suelo.

Seguro segurísimo (Publicado 25-08-2011)

Se quedó pensativo durantes unos días, algunos dicen que incluso cabizbajo y que parecía estar cavilando o decidiendo algo. Pasaba el tiempo y todos esperaban oír sus palabras, que dijera cualquier cosa, no sé, que se explicara, sin embargo seguía callado, sin decir ni “mou”, y entonces llegaron los rumores a su auxilio (en ocasiones parece mejor hablar de los rumores que de por qué se rumorea) , y bueno pues que se iba, se ha dicho (aunque nadie lo ha oído) que abandonaría el cargo, que esta vez no iba a ser otra más de muchas otras sino más bien definitiva, la última. Pero no, ha bastado con soltar ese rumor para que saltara él a desmentirlo. Así que, tras unos cuantos días de silencio dramático y mientras la gran masa de aficionados –afines- murmuraba un “¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?” o un “no es para tanto” por fin ha hablado, aunque eso sí, por escrito,  con una breve carta repleta de sí mismo en la que desmiente rumores y rubores por partes iguales.

Mourinho, ese señor que señala desde muy cerca las cosas que no conoce para que le aclaren su nombre, se queda en el Real Madrid, al menos eso dice en su carta, que no se marcha “Seguro. ¡Segurísimo!” –asevera- y ahora parece que toda la afición –de Mourinho- está contenta, celebrándolo por las calles y ensayando vítores. Pero ¡Ay!  ¿!segurísimo!?” mi abuelo decía que uno sólo podía estar segurísimo cuando tenía ciertas dudas, esto es, cuando no se estaba seguro, y que no había por lo tanto forma humana de estar a la vez seguro y segurísimo  de una cosa, del mismo modo que no se podría saber y no saber algo en concreto,  pero bueno mi abuelo no sabía portugués y tampoco conoció a The Special One, una excepción en toda regla. 

En cualquier caso Mourinho, ese entrenador que piensa que cuando uno apunta a un ojo sólo el tonto se queda mirando el dedo, elige de momento, seguir dirigiendo al Real Madrid (algunos dicen que literalmente), y no sé yo si habrá algún aficionado merengue que pueda estar seguro de si eso es bueno o es malo (me refiero a lo de quedarse), podrá estar, eso está claro, segurísimo de una cosa o de la contraria, que es como están repartidos ahora mismo todos; unos convencidos de lo conveniente que es el portugués para el equipo y otros preocupados por la imagen que se proyecta del club con Mourinho como foco.

Pero a esta división de la afición del Real Madrid entre detractores y defensores incondicionales (que es por cierto la única forma posible de atacarlo y  defenderlo) de Mourinho no le queda demasiado recorrido, todo lo más una campaña: si esta temporada gana títulos importantes las críticas internas serán aplausos y más rienda suelta y si no los gana no quedará quién le defienda, ni el que más le defiende y adiós Mourinho y adiós presidente. 

Aunque antes de aclararse eso, por el camino, deberá medirse dos o varias veces con el Barcelona y dados los últimos precedentes hay quien se frota ya las manos y hay quien se las calienta.