viernes, 18 de mayo de 2012

Globalmente a ningún sitio (20-04-2012)



Hasta que llegó la crisis no se podía apreciar en qué medida estaba el mundo globalizado o hasta qué punto podía detonar la paz mediante el leve aleteo de una mariposa insolvente y remota, oriunda de lo lejos en todas partes. Ahora, metidos de lleno en una crisis global desde hace tanto tiempo, ahora que todos vivimos inmersos y pendientes de noticias internacionales, eso sí, con estupefacción local, ahora que, en fin, miramos de reojo lo que tenemos delante y fijamente y de frente al resto del mundo que parece darnos  la espalda, queda claro que somos presa de una globalización: nos están asfixiando a muchas manos, nos estamos ahogando entre todos.

Y es que una de las cosas más globalizada es tristemente la descoordinación, y así vamos, cada uno tirando para su lado sin dejarnos llegar a ningún sitio, coreando entre todos un sálvese quién pueda o un muérete tú antes, no se escucha muy bien entre tanto ruido y distancia. Argentina, por ejemplo, prueba suerte expropiando una inversión extranjera asegurándose con ello muy pocas más en un futuro. Y es que lo que hoy parece una buena idea al día siguiente se revierte y se vuelve contra quien la lleva a cabo y así no hay forma de salir indemne, así no hay manera de salir ganando. Es lo que hay, cada día se decide el error del siguiente,  a cada paso se estira más  el camino y queda más lejos llegar.

Y cómo quitarse la sensación de duda, la preocupación, cómo dejarse llevar por los que gobiernan si en cada idioma solución se traduce en problema. Francia se propone grabar las rentas más altas, Inglaterra reducir lo que pagan, y EEUU para no romper con su historia se plantea ambas cosas a la vez simulando una duda que nunca tiene. En EEUU, ya se sabe, son expertos en hacer ver que lo son, en anunciar soluciones que pretenden que se copien globalmente, algunas incluso antes de llevarlas ellos a cabo, para luego observar, medir y calibrar la verdadera solución local, que en ocasiones suele ser sólo ésa, conseguir que los demás copien lo que ellos finalmente no hacen. Parece que el mundo está dirigido a control remoto por un error en cadena, por equivocaciones en serie que terminan en serios dilemas. Y la precipitación acosa desde todos los flancos con toda su prisa.

No hay forma de salir de un laberinto inventado sin salida. No hay forma de encontrar la llave que abra una puerta blindada con avaricia. No, no dejaremos atrás los motivos que nos llevaron a adentrarnos en este mundo de ahora, en esta actualidad que hace obsoleta cualquier expectativa de mejora. Y todo apunta a que seguiremos así, desbastando el futuro globalmente, golpe a golpe, parte a parte, hasta la ruina colectiva.