Hasta que llegó
la crisis no se podía apreciar en qué medida estaba el mundo globalizado o
hasta qué punto podía detonar la paz mediante el leve aleteo de una mariposa insolvente
y remota, oriunda de lo lejos en todas partes. Ahora, metidos de lleno en una
crisis global desde hace tanto tiempo, ahora que todos vivimos inmersos y
pendientes de noticias internacionales, eso sí, con estupefacción local, ahora
que, en fin, miramos de reojo lo que tenemos delante y fijamente y de frente al
resto del mundo que parece darnos
la espalda, queda claro que somos presa de una globalización: nos están
asfixiando a muchas manos, nos estamos ahogando entre todos.
Y es que una de
las cosas más globalizada es tristemente la descoordinación, y así vamos, cada
uno tirando para su lado sin dejarnos llegar a ningún sitio, coreando entre
todos un sálvese quién pueda o un muérete tú antes, no se escucha muy bien
entre tanto ruido y distancia. Argentina, por ejemplo, prueba suerte
expropiando una inversión extranjera asegurándose con ello muy pocas más en un
futuro. Y es que lo que hoy parece una buena idea al día siguiente se revierte
y se vuelve contra quien la lleva a cabo y así no hay forma de salir indemne,
así no hay manera de salir ganando. Es lo que hay, cada día se decide el error
del siguiente, a cada paso se
estira más el camino y queda más
lejos llegar.
Y cómo quitarse
la sensación de duda, la preocupación, cómo dejarse llevar por los que
gobiernan si en cada idioma solución se traduce en problema. Francia se propone
grabar las rentas más altas, Inglaterra reducir lo que pagan, y EEUU para no
romper con su historia se plantea ambas cosas a la vez simulando una duda que
nunca tiene. En EEUU, ya se sabe, son expertos en hacer ver que lo son, en
anunciar soluciones que pretenden que se copien globalmente, algunas incluso
antes de llevarlas ellos a cabo, para luego observar, medir y calibrar la
verdadera solución local, que en ocasiones suele ser sólo ésa, conseguir que
los demás copien lo que ellos finalmente no hacen. Parece que el mundo está
dirigido a control remoto por un error en cadena, por equivocaciones en serie
que terminan en serios dilemas. Y la precipitación acosa desde todos los
flancos con toda su prisa.
No hay forma de
salir de un laberinto inventado sin salida. No hay forma de encontrar la llave
que abra una puerta blindada con avaricia. No, no dejaremos atrás los motivos
que nos llevaron a adentrarnos en este mundo de ahora, en esta actualidad que
hace obsoleta cualquier expectativa de mejora. Y todo apunta a que seguiremos
así, desbastando el futuro globalmente, golpe a golpe, parte a parte, hasta la
ruina colectiva.