Me dormí con la
tele encendida. Era una noche cualquiera escuchando las noticias de siempre. De
este siempre de ahora, de este ahora tan fugaz, de esta fugacidad tan
devastadora. Me dormí con la tele encendida y soñé influenciado por lo que oía. Y tuve un sueño extraño, hablado, era
una voz que me decía a dónde iba a medida que me adentraba en las entrañas del
cansancio y del hastío . Era una voz muda, sobreentendida, una voz de nadie que
claramente era la mía. Tuve ese sueño que me hablaba de este mundo, extraño,
del ritmo descompasado, del pulso que la avaricia le echaba a la justicia una y
otra vez, incansablemente, para entretenerla y desfalcar al futuro alargando
sus interminables brazos. Tuve un sueño, mientras el mundo dormía mecido por el
temor a despertarse, acorralado por el miedo de seguir durmiendo. Tuve un sueño
extraño, narrado, era una voz que me arrancaba desde adentro las ganas de
quedarme sin salida, que me invitaba a huir, a pelear por encontrarme ante la
puerta, abrirla y comprobar que sí hay fuera. Tuve un sueño que susurraba el
paisaje de salir, que murmuraba otro futuro posible, una manera distinta, que
dejaba entrever un horizonte más allá de las paredes que levanta la codicia,
que había un lugar a donde ir, que había un sitio del que marcharse.
“Ejército de
trampas, trampolín del ejercicio económico que piruetea agarrándose a las
garras de la garrama, despilfarro de engaño propagando propaganda de la
realidad retractable que retrata, y cada vez son menos los que salen en la
foto, son risas sonriendo a la breve luz del dinero. Enfermedad en el
tratamiento tratando que sean más los enfermos que firman conforme se conforman
de su forma enferma, transmisión masiva de un virus impuesto a la verdad
convirtiéndola en ambuesta que resbala por el espacio entre los dedos. Sano
juicio en no tenerlo, la razón asiente al sinsentido y sitiado se sienta en su sitio, locura
pasajera y piloto del volátil argumento razonable que ya no toca suelo,
sitibunda sinrazón que hace aguas de lo cierto para bebérselo y verse
versionada en su opuesto infundiendo pasión a la confusión de un siguiente más
con progreso, grasa con la que patina el fácil acierto de un acertijo complejo
en el jeroglífico planteamiento”.
Ese fue el sueño,
las palabras que iba oyendo. Las recuerdo muy bien todas y al día siguiente
tuve la sensación de despertarme dos veces.